miércoles, 3 de febrero de 2016

Otoño kirchnerista, invierno cafierista


El macrismo advierte que llegó para impulsar una agenda inconveniente para su propio desarrollo político: debe demostrar gobernabilidad en las malas. Para eso debe contribuir a "las malas" con despidos, devaluación, mayor inflación y tarifazos. En definitiva, se trata de empobrecer al soberano y ver si Mauricio puede manejarlo. En el debate entre gradualismo y shock, ¿eligieron? shock gradual y no parecen mantener la alegría de Prat Gay al anunciar las primeras medidas. Mientras tanto, el incipiente macrismo no puede hacer kirchnerismo económico por obvias razones políticas ni tampoco el macrismo económico que idealizó debido a que no recibe todos los dólares que necesita desde el agro o los centros financieros. No cumplieron dos meses y ya los tienen agarrado de las pelotas.

Afuera de eso, el peronismo se debate. ¿Afuera, realmente?

Lo que hay realmente afuera es una sociedad que espera a Macri; que le otorga tiempo y espacio --y Cambiemos los exprime como a un trapo húmedo en el desierto-- como si no sospechara que la pusieron a cocinar con la llama alta. Si la psicosis colectiva tuviera algún aroma, podría ser parecido al del humor social de estos diciembre y enero.

El peronismo se debate de todos modos, cruzado por necesidades económicas en las provincias y simbólicas en el imaginario nacional. También parece estar sufriendo una disociación psicótica: las advertencias del kirchnerismo económico son las más lúcidas pero el kirchnerismo puro las desprecia para abrazarse al frepasismo que necesita de una intermediación periodística de la que carece. El peronismo ortodoxo, en cambio, advierte que el partido importante es el del bolsillo, pero a la vez parece pretender un abrazo con el macrismo que golpea a la víscera más sensible. Ambos caminos solo pintan aun más de amarillo los paisajes de la patria. Hay que pasar el otoño del kirchnerismo sin caer en el invierno del cafierismo.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Represión y política

Existe un hecho puntual y cuantificable en cualquier encuesta que quieran hacer: no todo el mundo se opone a la represión de la protesta social y son muchos quienes la consideran necesaria; más aún luego de la etapa kirchnerista, en la que primó el encauce político (sobre todo en los primeros años, aún cuando significara incorporar al dispositivo oficialista a distintos movimientos sociales y/o piqueteros o, más adelante, la manutención de esas alianzas vía fondos estatales) y, cuando no fue posible, se toleraron las manifestaciones. Si el kirchnerismo reprimió —y fue poco o nada— nunca hizo de la represión un justificativo que se agotara en sí mismo.

Con el cambio de gobierno, pero más importante, con la inversión del signo político, se dan o darán un conjunto de factores que harán de la represión un condimento más, no ya un veneno, en la receta con que se prepara el caldo social. Esperamos, por supuesto, equivocarnos.

El desancle autonómico del poder político que fácilmente pueden conseguir las distintas policías —diciembre de 2013 como un hito de sedición que podría ser el antecedente directo de lo que vendrá— será uno de los aspectos fundamentales a considerar. Vamos otros.

Repetimos y se repite hasta el hartazgo que no hay ajuste posible sin represión, que la política económica de la derecha necesita tanto de la benevolente avaricia de prestadores internacionales como de la anuencia, disponibilidad y complicidad de los palos judiciales y policiales. Para resumirlo en cristiano: que el poder político, el judicial y el policial se asocien en sinergia para reprimir. Es el poder político el que crea las condiciones de posibilidad: devaluación, incrementos de precios, internacionalización de productos de la canasta básica, transferencia desde los sectores populares a los del tope de la pirámide y cercenamiento de conquistas sociales y derechos laborales. Ni hablar si se incrementa el desempleo. Cada granito de arena colabora y decanta en la necesidad de justificar y alentar la utilización del monopolio de la fuerza para el control represivo de la protesta.

Ahora, no serán solo los medios y la uniformidad informativa de la que gozará el macrismo: como decíamos al principio —y aunque lastime nuestro corazón progre, izquierdista o humanitario—, el gobierno se apalancará en una porción nada despreciable de la sociedad para tornar la represión en una demanda social. Allí estarán tanto los votos del PRO que reniegan de la negrada sublevada como los votos massistas que peticionaron electoralmente por el ingreso de las FF.SS. a villas o barrios populares. Estarán también algunos votos sciolistas, no sirve negarlo.

Cada realidad local tiene sus particularidades, y así por ejemplo Jujuy cuenta con un movimiento piquetero que subsiste y uno que bien podría retornar con el desenganche de la Tupac de la teta estatal. Allí el reside el germen que nutre la justificación represiva de un sector de las clase media y media baja. Tucumán vivió recientemente un ejemplo claro, cuando la oposición republicana y el periodismo independientísimo pidieron al unísono por la “restitución del orden" y la “paz social" en ocasión de la protesta de los municipales despedidos en la ciudad de Concepción. El interior del país carga con su mochila de exclusión estructural, pero será en PBA —a la que el macrismo y Vidal utilizarán para posicionar a la gobernadora para la sucesión— donde asistiremos al showbizz de la mano dura. Será Vidal quien haga más macrismo original, ese de la UCEP y la inmigración descontrolada, previo a la instalación de la revolución de la alegría.

El proceso de control político de las FF.SS. que intentó el kirchnerismo se corta con Macri. El cercenamiento de derechos y el ajuste serán los vientos que avivarán las llamas sociales. La prédica represiva y la entronización de las libertades individuales en el discurso hegemónico serán habilitación para las policías todas. Así sean la Federal o Gendarmería quienes carguen con el peso de reprimir la protesta, todas serán señales que sabrán leer y decodificar cada fuerza policial y cada agente de seguridad.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

En la pelea por la República yo me pongo del lado del más débil, que es el bolsillo

Oh, divino Montesquieu.

Escribo en pelotas y sepan disculpar, pues he rasgado mis vestiduras, tal el tenor del dolor que aqueja mi espíritu republicano. Oh, atribulado francés al servicio de la Corona británica, oh, debate del partido Republicano, oh, IV República francesa. ¡Oh, jueces nombrados por decreto!

Mirá lo que conseguiste, Mauricio, capo, que le pidan al peronismo que tome las banderas republicanas y las lleve a la victoria parlamentaria. Necesitábamos un Plan Bicameral para Todos, qué fútbol ni que tres carajos.

Cambiamos pero las necesidades de quienes ejercen el poder no cambiaron. ¿Macri quiere torcerle el brazo al peronismo como demostración de poder? Puede ser, y te clava jueces consustanciados con su proyecto porque... es su proyecto, ¿no?

¿No? Ok.

Goza de su Luna de Miel, lo advertimos, y la exprime a puro bombardeo: cuando querés putearlo por alguna medida/decreto/anuncio, ya tenés encima dos o tres más y te perdés, mandás todo al carajo y mah sí, si total a este pelotudo lo votaron.

Un gesto de autoridad de Macri, pero qué conveniente calificarlos a gusto y necesidad. ¿Un gesto de autoridad de un DT? Qué bien. ¿Ese DT es Passarella? Qué mal. ¿Un gesto de autoridad de un Presidente? ¡Muy bien! ¿Ese Presidente es Cristina? ¡Ahhhhh, Dios mío, la República, la República! ¿Es Mauricio? #Awww, la República...

¿Y quiénes saltan? De la Sota, Massa y Stolbizer. ¿Porque son republicanos? Las pelotas son republicanas. Saltan porque Macri quiebra el compromiso que asumieron con sus votantes, como colectoras y aliados implícitos de Mauricio en ballotage. Macri aliena así a quienes son o deberían ser sus aliados. Maldispone, así también, a quienes podría necesitar para garantizarse gobernabilidad más allá de los cien días de gracia: el peronismo en el Congreso.

Interrumpimos esta transmisión para un aviso parroquial: cortenlá con debatir la idoneidad de Rosenkrantz y Rosatti; Macri clausuró esa instancia al saltear el Congreso. Gracias.

Oh, la cartera de la dama.

La República y los decretos nombrando jueces son nimiedades comparadas a la baja de retenciones, a la habilitación para aumentos de precios y la internacionalización de la canasta básica. Son bruma mediática para esconder a los corsarios del salario, tapando una devaluación anunciada a gritos y esperada a llantos que ya repercutió en poder adquisitivo —y lo seguirá haciendo—, sumado a los anuncios de paritarias ligadas a la productividad. ¿Que cómo medís la productividad de un empleado público? Oh, es muy fácil: lo despedís y esperás. Si la ciudadanía lo nota, era productivo. Si no, viva la racionalización del Estado y la mentalidad empresaria en el manejo de lo público.

De todos modos, debo reconocer que no me jode que Macri tome a Montesquieu de las mechas, lo de vuelta, le baje los pantalones o como llamaran a esas cosas que usaban, lo ponga en cuatro y lo sodomice hasta encender brasas con su culito francés; lo que me jode son los zarpazos en continuado y sin cortes comerciales al bolsillo del tipo de a pie: inflación acelerada, quita de subsidios, incremento del costo (ya usurario) en el uso de tarjetas y transferencia de recursos al sector agroexportador (más aún cuando uno de los objetivos es reprimarizar la estructura económica nacional).

Lo hemos adelantado: hacer oposición progre, republicana, porteña, ser el FpV de CABA, boqueando para afuera y levantando la mano adentro, es asegurar macrismo para 2017 y 2019. Exagerar defensa institucional cuando antes aplaudíamos el cinismo realpolitikero es penoso, y una jactancia del periodismo noventista, ese que critica formas y no contenidos. ¿Macri clausura el Salón de la Mujeres Argentinas y lo convierte en oficina para Michetti? Oh, sí, nos indignemos, justo lo que pretende Mauricio. Entrega cualquier símbolo del kirchnerismo a los lobos para que nadie señale que un dólar a 15 mangos favorece a los especuladores (agro e industriales) mientras seca la billetera del laburante. ¿Macri va a compensar en jubilaciones, IVA o incrementos en AUH, AUEmb? Permítanmé la carcajada.

La crítica republicana y de las formas no solo no mueve el amperímetro social (y Macri agradece el concurso de su prensa militante), sino que además no permite capitalización política por parte de ningún actor. Negocio redondo para Cambiemos, aunque deba soportar temporalmente la irritación de la vieja guardia de la UCR. El peronismo puede, pero no debe, funcionar en espejo a la oposición que enfrentó en el pasado. Aquí consideramos que Macri no ganó por sus promesas de institucionalidad sino, en buena medida, por el hartazgo que en los últimos años generó la batalla cultural kirchnerista sin sostén económico. Permitirle a Macri desplegar su propia batalla cultural, cuando pretende utilizarla como traje antiflama frente a los fuegos económicos que prevé desatar, sería estúpido por demás. El peronismo será oposición ordenándose alrededor de los intereses sociales en pugna o no será nada. La disputa no se circunscribe ya al control del Estado sino que es, ahora, en defensa del poder adquisitivo del salario, empleo, consumo y actividad.

Es el bolsillo, estúpido, y no la República.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El peronismo en entropía

Luego de la derrota en ballotage, y aun antes, con el triunfo de Vidal en PBA, el peronismo ingresó en una etapa en la que prevalecerá la reorganización puertas adentro. No se trata de la persistencia en el error que acarrea el sistema peronista/kirchnerista, de comunicación endogámica, sino de un proceso necesario para reemerger de cara a la sociedad. Valga decir, además, que no comprender que el macrismo gozará de un periodo de luna de miel, hasta que sus medidas pro mercado impacten en el bolsillo, es de una necedad parecida a la que nos llevó a la derrota. Pero antes de continuar, quizás convenga hacer una breve referencia a la selección del concepto entropía para caracterizar lo que viene. Leemos:

"...Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. Un ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo: tenderá a romperse y a esparcirse, mientras que jamás será posible que, lanzando trozos de cristal, se construya un vaso por sí solo. No obstante, considerar que la entropía es el desorden de un sistema sin tener en cuenta la naturaleza del mismo es una falacia. Y es que hay sistemas en los que la entropía no es directamente proporcional al desorden, sino al orden (...) hay muchas transiciones de fase en la que emerge una fase ordenada y al mismo tiempo, la entropía aumenta (...) por ejemplo cuando el agua y aceite tienden a separarse. También en la cristalización de esferas duras: cuando agitamos naranjas en un cesto, éstas se ordenan de forma espontánea...".

Pueden observarse ambas posturas entre los adherentes/militantes del peronismo: están quienes pretenden separar la paja del trigo y quienes sostienen que andando se van a acomodar los melones. Ambas prefiguran, al final del camino, un espacio de unidad. Entropía por la homogeneidad o entropía por el orden. Dos comentaristas en el posteo anterior sirven como ejemplos de lo anterior. Jorge sostiene que el 48,66% de Scioli no es el sciolismo, y que deberíamos tener presente que si el peronismo hoy puede reivindicarse como tal es gracias al kirchnerismo, que removió la mácula menemista: "¿Significa esto que Cristina lidera? No lo creo (...) Queda la incertidumbre (...) lo más sensato sería volver a ser Frente: juntar esos apoyos iniciales que supimos tener aprovechando el potencial marco de cohesión que uno supone generarán las políticas de Macri (...) Y aprovechemos la situación para detectar aquellos que militan en el peronismo acomodaticio, que son de la misma calaña que "el gallego" y el tigrense". ¿Opción por la homogeneidad? Martín de Encuentro Latinoamericano, por su parte, hace hincapié en "una debilidad que pudo ser uno de los grandes errores del oficialismo en las últimas elecciones: que nos haya unido, y a última hora, el espanto (Esto) complicó la unidad y la militancia del candidato propio. Si lo que viene es un FPV/PJ/etc. dividido entre los que dicen que se hizo todo bien, "Cristina 2019 ya" y los que dicen que se hizo todo mal, "Massa al poder", conseguir la unidad va a ser jodido. Más en ausencia de una conducción definida y aglutinante". Opción por el orden.

Acá acordamos con ambos, pero con alguna salvedad. Por ejemplo, creo que tanto Massa como De la Sota continuarán referenciándose en un peronismo antikirchnerista para, a la vez, jugar al cafierismo macrista. Contemplarlos entonces para lo que viene, intentar incorporarlos –digo–, resultará una pérdida de tiempo. Cualquier gestión en esa dirección implicará muscular a esa tercera fuerza y restarle energías al propio ordenamiento. Y ya que apelamos a los primero nombres propios, vamos con los del peronismo, porque sin ellos no hay política. Es claro que, pese a la derrota, son dos los dirigentes que tienen visibilidad y predicamento, es decir peso propio: Cristina y Scioli. Pese a sus diferencias, ambos comparten una característica: a partir de diciembre no contarán con poder institucional o territorial propiamente dichos, sino con la ascendencia que conserven sobre diputados/intendentes/gobernadores. De todos modos, La Cámpora, como expresión del cristinismo, haría bien en hacer pocas o ninguna ola; y la Ola Naranja no es o fue otra cosa que el despliegue electoral del sciolismo. Sigamos con los nombres propios. ¿Gobernadores? Urtubey, Manzur, Peppo. ¿Intendentes? Capitanich, algunos de la PBA, Magario, Cascallares, Insaurralde, Mussi. Con estas nominaciones, pudimos leer ya las primeras operaciones de prensa en lo que al control del PJ se refiere: que Scioli propone a Urtubey, que Cristina quiere y no quiere presidirlo, que una interna, Scioli al PJ-PBA; lo cierto es que antes de mediados de 2016 el partido debe ser encausado. Y convertirse en la plataforma desde la cual hacer una oposición ordenada y sensata al macrismo. No podemos dejar de anotar que ahora, como oficialismo, serán Macri y Vidal quienes dispondrán de herramientas para sentar el tono de la disputa, el terreno y los tiempos. Si lo hacen bien (y no como pareciera ser hasta ahora), tendrán ocho años. Si se equivocan escuchando a quienes quieren shock, ya, no aguantan más al kirchnerismo y lo quieren tirar del tren (!), tendrán solo cuatro. El peronismo deberá reconocer esta nueva realidad, acostumbrado como estuvo al dominio de la acción y la agenda.

No son muchas las certidumbres de cara al futuro, pero anotemos algunas propias:
:
1. Es 2017 o 2021. "No hay 2015 sin 2013" fue el mantra massista que no se verificó (Macri se guardó en aquella legislativa), pero será una obligación para el peronismo si pretende retornar.
2. Si debe renovarse, el peronismo debe hacerlo también en los modos de relacionarse con la sociedad. No dispondrá en este camino del aparato estatal del que gozó durante estos años, y la militancia sola no alcanza (menos aun si baja a evangelizar y no a escuchar). Las políticas de medios y de redes sociales resultaron grandes déficits en la pasada campaña.
3. Considerando el periodo de gracia del que dispondrá el macrismo, y la banca que los grandes medios ya realizan de su futuro gobierno, no restan dos años para las legislativas2017 sino, tan solo, uno. El FpV cometió muchos errores, pero uno de los más groseros fue patear las definiciones electorales hasta el final.
4. El peronismo deberá seleccionar con quiénes y cuándo dar la pelea grande. Si es contra un Macri potente en 2019, debería ser Scioli; contra un gobierno de capa caída, en cambio, la propuesta del peronismo debería ser de una renovación mayor, y podríamos aventurar una interna entre, por ejemplo, Urtubey y Capitanich.
5. Insistir con Cristina 2019 puede actuar como un ansiolítico para el alma política o un analgésico para las magulladuras del 2015, pero no suena sensato o instrumental si anteponemos los intereses de la mayoría al lustre del bronce histórico. Cristina contará con un gran poder simbólico luego de abandonar el PEN, pero no creo que vaya a constituirse en una demanda social que exceda al clamor de la militancia cristinista.
6. Hacer antimacrismo progre-capitalino solo nos asegurará muchos años de gobierno amarillo. Si los reflejos culturales antimenemistas le ganan a la defensa del bolsillo de las clases populares, Mauricio podrá disfrutar de la pizza con champán sin sobresaltos.
7. Listo, peguenmé.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Breve recorrido por los hitos electorales del periodo 2013-2015

Vaya una selección de fragmentos que sirven para releer lo que fue ocurriendo en los últimos años y, quizás, sirvan para tener una visión más global de lo que finalmente ocurrió en este año electoral. Extractos casi todos de las charlas que mantuvimos con la Agencia Paco Urondo:

Marzo/2014: “…creo que el lógico desgaste de tantos años de gestión kirchnerista, algunos errores forzados y de los otros, el escenario regional e internacional, más el desarrollo de las legislativas y los movimientos posteriores del FpV y FR permiten, ahora, una lectura distinta del fenómeno pos. Hace un tiempo la disyuntiva podría haber sido profundización kirchnerista vs. poskirchnerismo opositor. Hoy el escenario, creo, tiende a un enfrentamiento electoral entre una “alvearización” del kirchnerismo vs. un poskirchnerismo bastante menos kirchnerista que el año pasado…”.

Podemos decir ahora que, en la campaña, ese poskirchnerismo fue un poquito más kirchnerista de lo que suponíamos, pero tampoco al punto del continuidad con cambios de Massa en 2013 o Scioli en 2015. Macri jugó al cambio con algunas continuidades y, entre otras cuestiones, lo ayudó –o no evitó, como hubiera sido un relato de solo ruptura– a llegar.

Noviembre/2014: “…Es en la UCR donde se ha desencadenado una rebelión de los coroneles, y se comporta en los hechos como una federación de caudillos provinciales que privilegian lo local sobre lo nacional. De todos modos, contrario a la extendida reflexión de que el radicalismo se está suicidando, creo que aún sin un candidato medidor supo en este último tiempo proyectarse como una sombra sobre todo el arco opositor. Si podrán instrumentar de modo conveniente el tiempo que compraron pateando definiciones hacia adelante es una incógnita, pero al menos no se bajaron el precio enganchándose ahora mismo como furgón de cola del PRO o el FR…”.

Se engancharían recién en 2015, vía convención de Gualeguaychú, siguiendo la doctrina Sanz, que tuvo una visión más nacional y jugada que las conservadoras de Morales o Cano (más preocupados por sus destinos provinciales), la que triunfó. En el blog señalamos en abril de 2014 que el negocio para la UCR se llamaba Mauricio Macri: “…Para el radicalismo de la provincia de Buenos Aires, condenado a resistir con Stolbizer y el apellido Alfonsín en elecciones desde hace tiempo, el espanto se llama Sergio Massa y su Frente Renovador. ¿Por qué? Porque desde que abandonó el FpV, el ex intendente de Tigre hizo usufructo de su pertenencia peronista pero fue sobre los votos de la representación republicana, vaciando de significado la existencia del radicalismo como partido de oposición (…) La lógica entonces es de superviviencia pura. Si el peronismo pretende ocupar todo el campo, el republicanismo antikirchnerista se abroquela para intentar alambrar a sus dirigentes y electores. Los sistemas políticos tienden a la homeostasis pero primero a la conservación. Y para ello el radicalismo bonaerese y algunos de sus referentes provinciales necesitan de un paraguas nacional del que carecen y podría ser Mauricio Macri…”. Vale señalar que Julio Burdman lo vio primero, en septiembre de 2013: “El PRO debería abandonar su estrategia histórica de mirar al PJ y comenzar a mirar al panradicalismo”.

En Marzo/2015 apuntábamos una razón: “La UCR decidía en Gualeguaychú si se entregaba como partido a una facción opositora o si se fragmentaba para el rapiñaje por parte de Macri y Massa. Decidió por el primero y hay razones que avalan su decisión: encuestas, historia, electorado y oportunidad (…) decíamos que en la UCR se verificaba una rebelión de coroneles, los candidatos a gobernador con chances que privilegiaban sus necesidades distritales aún antes de que el Comité Nacional se expidiera. No fueron ellos los que decidieron el destino nacional de la UCR sino que, en la Convención, primaron en cambio los intereses del radicalismo de los grandes distritos: la CABA, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, allí donde decíamos que iba Macri mientras Massa se dirigía al NOA. Los convencionales de la PBA desoyeron a quien debería ser su referente, Alfonsín, y siguieron a Sanz. Es lógico, de todos modos: los acuerdos distritales se mantendrán pero la UCR contará ahora con una candidatura traccionante y lugares en las listas (razones de supervivencia para la UCR-PBA) y quizás con algún que otro ministerio, de arribar Macri a la presidencia…”.

Sanz vio algo que los demás no: el voto radical ya se encontraba migrando hacia el opositor no peronista mejor posicionado. Pragmáticamente, la UCR siguió el camino de sus propios votos.

Luego, algo sobre la interna del FpV, en mayo de este año: “El horizonte de continuidad del kirchnerismo se encadenaba entre Néstor y Cristina, no había otro plan. Luego del fallecimiento de Kirchner y el 54%, el oficialismo consideró más importante evitar un síndrome de pato rengo que construir, si querés, una Dilma. Scioli es entonces tributario voluntario e involuntario de ese déficit de construcción de un candidato del riñón. Pero además, recurro nuevamente a la figura del alvearismo, tendencia que el propio kirchnerismo intentó practicar en 2012 (rápidamente abortada) y luego sí más decididamente a partir de la derrota legislativa en PBA en 2013. Me parece que el perfil de Scioli se relaciona con eso (…) no existe otro candidato dentro del FpV que tenga el nivel de conocimiento y esa intención de voto…”. Por entonces y antes de las PASO, quisieron operar un acuerdo Macri-Massa. Veían con acierto que en la PBA se jugaba buena parte del futuro de la elección nacional: “…No veo a Macri habilitando una gran PASO cuando Massa se desangra solo día a día. De no mediar las Primarias, que actuarán a modo de primera vuelta, ya estarían acordando. Pero Macri cuenta con sumar el voto útil opositor luego de agosto: es al FR al que corre más el reloj. El establishment, en cambio, es más pícaro y puede jugar en la mesa de arena sin ensuciarse. Sabe que un triunfo importante del PJ-FpV en la PBA aleja las chances de un ballotage para cualquiera oposición. Y en consecuencia presionan”.

Cómo los ayudamos en PBA.

Tucumán también fue muy importante para el triunfo final de Macri: permitió desplegar la Operación Fraude. Decíamos entonces: “Las denuncias de fraude fueron aventadas aun antes de los comicios. Inmediatamente luego de las PASO, cuando la disputa se circunscribió a lo provincial –y habiendo visto los números del FpV, que solo perdió frente a Cambiemos en Yerba Buena, nuestro San Isidro local–, Cano y el radicalismo todo, Macri cuando vino a apoyar la fórmula del Acuerdo por el Bicentenario, se dedicaron a preparar el terreno para desconocer y deslegitimar el resultado. Pero es, en parte, lo que viene ocurriendo desde siempre. En esta ocasión, la diferencia estuvo en que se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional, pensando en octubre. Aunque funciona a varios niveles, siendo uno de ellos el circunscribir la disputa en términos peronismo/antiperonismo. Peronismo como sinónimo de todo lo malo, claro (…) La manifestación estuvo fogoneada, eso fue claro. No solo por la irresponsabilidad de políticos de la oposición, medios y periodistas, sino por el activismo digital también. Me tocó sufrir el accionar de los trolls en Twitter, me llegaron cadenas de whatsapp con mentiras, si entrabas a Facebook era el festival de las imágenes diseñadas. Ahora, todo eso necesariamente actúa sobre una base fértil que es el descontento que movilizó distintos cacerolazos desde el 2012, y por distintos motivos. Agregaría, además, que en San Miguel de Tucumán o Yerba Buena se replica ese espíritu porteño, que no comprende al interior. De la provincia de Tucumán, en este caso”.

Fue un gran golpe de Cambiemos: Cano se portó como un soldado y la oposición toda debió encolumnarse detrás del reclamo republicano que servía solo a Macri, el opositor que había quedado posicionado luego de las PASO. Funcionó como un sistema de engranajes:
1) le restó votos clasemediero y urbano al FpV (solo en Tucumán: 57% en las PASO; 51% en la elección provincial; 48% en octubre y recién en noviembre retornamos al número de las PASO, 58%);
2) habilitó la posibilidad de desconocer un posible triunfo de Scioli en primera vuelta y
3) mantuvo el antiperonismo en sangre del votante opositor a niveles casi tóxicos, en aras de mantener el voto bronca antikirchnerista que premió a Macri en octubre/noviembre.

Luego, con el triunfo de Macri puesto, charlamos con la APU acerca del futuro del peronismo, ahora en la oposición, y las posibilidades a las que se asoma el futuro gobierno de Mauricio Macri. La subiremos completa, solo para tenerla también aquí, en el próximo posteo.

jueves, 26 de noviembre de 2015

El peronismo en la oposición

Antes de ir al grano, una breve esquela sobre Massa y Randazzo: el segundo es el peronista blanco que los medios prefieren para el PJ, apalancados en la inocencia del kirchnerismo emocional. Sergio, en cambio, no volverá al peronismo a menos que lo vayan a buscar para conducir; cosa que no sucederá. Tiene, entonces, dos posibilidades frente suyo: Enríquez-Ominami como sostenemos en este blog, o Fernando Henrique Cardoso como apunta Manolo. Vamos, ahora sí, a los bifes con el peronismo en la oposición.


“Mauricio Macri, protocolar y distante, desembarcó ayer al atardecer en la quinta de Olivos para una cumbre con Cristina de Kirchner, que el 10-D le pondrá la banda y le delegará el bastón presidencial. Un formalismo que, en un PJ que cruje, se traduce como una amenaza: que, con picardía política, Macri seleccione a Cristina como única interlocución con el peronismo opositor.
La posibilidad espanta a caciques del PJ, del interior y de Buenos Aires pero es la hipótesis que proyecta la Presidente sobre su futuro político. Fantasea con ser la jefa de la oposición que tenga, además, expresión legislativa y callejera con La Cámpora -o lo que perdure- capitaneada por Máximo Kirchner...
...En el PRO, desde antes del balotaje, proyectaban un escenario con el actual oficialismo segmentado entre el kirchnerismo, con epicentro en La Cámpora, y el PJ territorial. Y la intención, en principio no del todo explícita, de alimentar esas tensiones. "A Macri le conviene que el kirchnerismo siga existiendo", interpretó un operador que reporta en el PJ clásico...
...Pero Cristina no es la única que se mueve. Esta tarde Scioli reunirá a los gobernadores en el BAPRO para agradecerles por la campaña y la elección, una foto que retratará a los actores que, en voz cada vez más alta, objetan la conducción de Cristina de Kirchner y, sobre todo, el modo en que intervino La Cámpora, con la protección de la Presidente".

“...¿Qué ocurrirá con el peronismo? Qué difícil. Debe asimilar dos derrotas duras: Nación, pero más importante en términos simbólicos e históricos resultó la de provincia de Buenos Aires. Ello requiere de tiempo, pero a la vez no cuenta con mucho si quiere ser competitivo en 2017, algo ineludible camino a 2019. Mi deseo es que el peronismo se ordene en torno a los intereses sociales en pugna –algo que la agenda neoliberal de Macri debería facilitar–, aunque existe el riesgo de que las ambiciones personales supongan un escollo.
Si tuviera que arriesgar, diría que lo ideal sería un rápido reordenamiento en torno a una conducción que pueda articular los espacios e imprimirle una dirección a la acción. De otro modo, no solo estaríamos alejándonos del objetivo de retornar en 2019 sino, además, facilitando la tarea del macrismo en la desarticulación del Estado a favor del gran empresariado y las multinacionales.

APU: Se ha dicho y escrito mucho sobre las elecciones y la derrota del FPV. ¿Qué elemento central le gustaría sumar a ese debate?

RT: Que nos faltó parar las orejas y escuchar qué pasaba abajo. Se ha hablado de subestimación del electorado, de la renuncia a la representación de algunas nuevas demandas, y es todo cierto, pero creo que los errores primigenios fueron desestimar la intermediación política y el hacer política mirando hacia la conducción y no hacia abajo...".

lunes, 23 de noviembre de 2015

Una mancha del centro a la periferia: 10 apuntes post ballotage

Intentemos, todavía en caliente, una disección del resultado. Existen razones para el triunfo de Macri y razones para la derrota de Scioli. No son necesariamente las mismas aunque expliquen, ambas, el resultado electoral. Empecemos por la derrota del FpV.

1. Se resolvió la incógnita post 25oct: el voto de UNA resultó más opositor que peronista. El 71% a 28% de Córdoba es un mazazo tremendo. De la Sota, Massa, ¿pueden intentar liderar al peronismo como boquean? Tu vieja puede votarlos algún día, este humilde bloguero no lo hará. ¿Qué ocurrió para que la docta tuviera, en espejo, resultados del interior tucumano o santiagueño? Podemos enumerar: quienes viven de o alrededor de la agroindustria recuerdan todavía 2008 y creyeron tanto las promesas de Scioli como de Macri; eran dos proyectos de país y votaron a favor del suyo. Córdoba tiene además una rica tradición radical, pero no pueden haber sido gratis la revuelta policial de 2013 –cuando dejamos a los cordobeses librados a su suerte– y el impacto de la caída de la demanda brasileña sobre la industria automotriz, que opera desde 2012 con un esquema de suspensiones laborales.

2. Si Brasil quedó partida en Norte/Sur luego del ballotage entre Dilma y Aécio Neves, Argentina quedó partida al medio luego de la segunda vuelta entre Scioli y Macri. Todo lo que quede afuera de las razones de este posteo, se explica en este mapa:

Una mancha que se extiende del centro a la periferia
3. PBA. Ya señalamos antes la subestimación del electorado y la sobrestimación de los fierros. En esta nota de El Estadista desarrollan muy bien los resultados de la primera vuelta, pero desagreguemos nuestra hipótesis: en PBA se hizo todo mal. Desde la gestión de Scioli –a la que siempre, propios y extraños, calificaron como deficitaria– hasta el camino desarrollado para arribar a la candidatura de Aníbal Fernández. Desde estas páginas señalamos temprano la inconveniencia de hacer de Scioli el enemigo, cuando casi todo indicaba que sería el candidato posible, pero se prefirió estirar la cuerda y hacer –por ejemplo– de los maestros, alumnos y padres, rehenes de una interna política. El kirchnerismo duro operaba entonces bajo la hipótesis de que afuera del peronismo no existía nada. Y con muy poquito nos ganaron. Luego, o mejor dicho antes, la PBA fue siempre el terreno de disputa del peronismo: un gobernador sin poder de fuego propio, los intendentes con poder de aparato pero con el presupuesto per cápita comiéndoles los talones, el kirchnerismo que quiso bajar las escaleras para hacerse de la escritura, siguiendo la tesis de la casa peronista de dos pisos de Eduardo Fidanza y, finalmente, el quiebre de Massa en 2013. Luego, el desfile de más de diez candidatos para intentar, sobre el final, una imposición de Randazzo que, valga decir, operaba como factor de unidad. Florencio prefirió jugar al peronista blanco –y algún día quizás lo vote tu vieja, pero este bloguero soberbio jamás– y arribamos a la peor interna: Domínguez, un candidato con altos niveles de desconocimiento, versus Aníbal, el candidato con mayores índices de rechazo pero, además, quien menos caminó la Provincia. Si Randazzo servía para buscar los votos de Massa, las apelaciones de Aníbal a la pureza K y su defensa de La Cámpora no podían sino continuar alienando a esa porción del electorado. Lluvias, operaciones de prensa, una candidata sin prontuario (ni siquiera político): todo jugó luego a favor de una renovación política que era demandada por los bonaerenses y preferimos no ver.

4. La derrota del FpV en Jujuy me duele más que la de PBA, pero un peronismo cerrado frente a la sociedad, que no pudo o quiso renovarse, y el cuco Milagro Sala, bien explotado por Morales y Massa, determinaron el resultado en la Tacita de Plata. Para ahondar en el factor Tupac, se hizo de la organización un canto a los sectores populares, cuando representan a una fracción de ellos (y los resultados de UNA en octubre y Cambiemos ayer lo certifican), pero no se advirtió que representaba también un abandono por parte del Estado de funciones de su competencia. Muchos peronistas o filoperonistas jujeños me habían adelantado su voto a Massa, y quizás luego a Macri, en base a su rechazo a la organización.

5. El FpV. Scioli no le agradeció en su discurso de aceptación a Cristina. No han sido pocos los compañeros, aquí en Tucumán y en las redes sociales, que sostienen que CFK le jugó en contra y que allí reside buena parte de la explicación. También, valga decir, se puede leer (porque es una opinión más bien porteña) que Scioli no aportó los votos que faltaban para llegar al 40 o 45% en primera vuelta y cualquier candidato del riñón hubiera realizado una elección similar. ¿Mi visión? Ni lo uno ni lo otro. La realidad del peronismo involucraba a Scioli, los gobernadores, Cristina, La Cámpora, el progresismo, etc., y la alquilimia electoral alcanzada era no solo la posible sino la que mejor contenía a todos: Scioli contra Cristina no hacía la elección que hizo y el kirchnerismo puro, sin Scioli, no hubiera realizado la elección de DOS. Así como es un delirio sostener que Randazzo hubiera sido un mejor candidato –hubiéramos peleado el tercer lugar con Massa–, también me parecía irreal pedirle a Cristin que no fuera Cristina. Los motivos, además, exceden a estos meses de campaña.

6. Vamos con motivos generales y que hacen al imaginario mucho más que un par de spots. Una campaña no dura un par de meses: en el cuarto oscuro sospesamos la totalidad del último periodo. En materia económica, estos cuatro años fueron de aguante y no de conquistas. En 2012 decidimos diferir el pago de costos políticos por la sintonía fina y terminamos pagándolos igual. En este blog sostuvimos que la conflictividad que promovía la batalla cultural era bien tolerada y hasta festejada cuando tenía soporte en crecimiento e inclusión, pero cuando esto último flaqueaba, el relato operaba en la fidelización del núcleo duro pero, a la vez, expulsaba a adherentes/simpatizantes/votantes por la más simple mecánica de la teoría de conjuntos. Si guglean “gestión batalla cultural secundariamente loshuevosylasideas” verán que desde 2011 es una preocupación por estos lares. Señalamos también entonces la necesidad de abrir la representación que el 54% significaba. Se decidió por la contraria y la estrella con la que brilló Massa en 2013 obedeció a esto: representó a los que el kirchnerismo había dejado ir. Inseguridad y narcotráfico fueron sus caballitos de batalla junto con la expectativa de un peronismo sin kirchnerismo. Terminó, como acá lo adelantábamos, operando como colectora del macrismo. Un Marco Enríquez-Ominami cualquiera. Señalamos también cómo la autorreferencialidad, el comisariato político y la disposición de capital político en batallas infructuosas irían en detrimento del propio kirchnerismo. Pero bueno, este es un humilde blog. Perdió Scioli, pero perdió el peronismo todo. Lo que es más triste: contribuimos a que perdieran los sectores populares que necesitan de una presencia estatal activa en la defensa de sus intereses. Eso y no otra cosa es lo terriblemente imperdonable.

¿Vamos con las razones del triunfo de Macri?

7. Alertamos durante estos años algunas cuestiones respecto al campo opositor. Por ejemplo estas dos: un quiebre de Massa supondría incrementar las chances del no-peronismo en 2015, y que el negocio para la UCR estaba con Macri y no con Massa. Tristemente, no nos equivocamos.

8. Leeremos en estos días, hasta hartarnos, artículos sobre lo que mencionamos en el punto 6: la renuncia a representar del kirchnerismo. Pero esa explicación no termina de cerrar si vemos las propuestas de Macri: no supusieron llenar ese vacío. Pero fue lo que entendió su electorado, así que no hizo falta. Macri creció desde su 24% en las PASO al 34% en octubre y este 51% en ballotage: fue finalmente depositario del voto útil opositor. Lo votaron antes por su condición de antikirchnerista genuino (Massa siempre pareció impostado) que por su macrismo en construcción. Lo emocional antes que lo racional. Por supuesto, deberemos rever esas tesis del #findelperiodismo y la capacidad de penetración de los aparatos mediáticos. En 2011 mismo lo sostuvimos para Clarín: “la derrota no es un estado permanente, sino que depende de factores temporales, coyunturales y estratégicos”.

9. La demanda de oxígeno. Como las clásicas limpiezas norteamericanas de primavera, luego de la temporada otoño/invierno, la sociedad demandaba nuevos aires, nueva dirigencia, nuevas caras. Macri, Scioli y Massa en pole position desde 2013 enunciaban el corrimiento de la sociedad a posiciones conservadoras y centristas, pero también una demanda por menos confrontación. Pero no la confrontación entendida en clave kirchnerista, contra grupos de poder, sino tan solo que sacaran la disputa de su campo de percepción. Una propuesta que Scioli y el peronismo no pudieron ni podían ofrecer y que Macri, implícitamente, con su pretendida revolución de la alegría, prometía. Quedó claro, con el correr de la campaña, que la kirchnerización de Scioli implicaba disputa: mantener el empleo, el salario, consumo, gradualismo en el combate a la inflación fueron promesas de confrontación. Macri, en cambio, dejó que su condición de nueva fuerza y su alianza con el Mercado y los grupos de medios hablaran por él. No significa esto que su gobierno no enfrentará peleas, pero estas bajarán de los medios a la calle. Serán efectivamente corridas del campo de percepción. Si el FpV enfrentó a la SRA, a la AEA, a Clarín, el gobierno de Cambiemos –si cumple sus escasas promesas–, enfrentará conflictividad social por parte de sindicatos, estatales, maestros y jubilados. Esas demandas podrán parecer ajenas a quienes no sean directamente afectados.

¿Qué le faltó al FpV? ¿Qué debe corregir el peronismo con miras a 2017? Enumeremos algunas cuestiones. Quizás las desarrollemos en un próximo posteo: a) Faltó escuchar abajo. Nos jugaron en contra la comunicación unidireccional y la falta de intermediación; b) Faltó segmentación en el discurso y en la campaña. La estrategia de redes sociales del macrismo será, con seguridad, objeto de estudio. No tuvimos más que algunos comunicadores, el macrismo tuvo a todos los demás y, c) Faltó diseñar una estrategia con tiempo. Para el 2017 queda un año y no dos si contamos la luna de miel de la que gozará Macri.

Falta el punto 10, ¿no es cierto? Ahí va:

10. El Tata Martino ha gozado durante demasiado tiempo de la protección mediática que le deparó esta campaña electoral. No tiene más tiempo. O juega con Pastore, Di María más abajo y el Pipa Higuaín arriba (o busca otro 9), o renuncia en 2016. Basta. Cambiemos.