miércoles, 16 de abril de 2014

¿Polarización o fragmentación?: ballotage, Clarín y las colectoras republicanas

La estrategia propuesta hasta ahora por el oficialismo, de estimular la dispersión frente al proceso electoral que se avecina, es continuista de los lineamientos defensivistas fundamentados en la hipótesis del lame-duck: elevar en consideración a la UCR y al PRO no tendría objeto si no se intentara intervenir en el campo republicano y, de ese modo, contener al FR de Massa, tendiendo a obturar su crecimiento sobre la representación del sector republicano liberal de nuestro electorado. Las clases medias de los grandes centros urbanos, si gustan. En algún momento deberá el kirchnerismo abandonar esta etapa en la estrategia si pretende que el FpV crezca (y aquí consideramos que deben haber certezas para los distintos niveles de armados aún antes de las PASO).

Es defensivista —decíamos— porque se aboca a las necesidades del gobierno respecto a una mejor finalización en términos de poder simbólico, y porque no considera las necesidades políticas (las económicas sí están siendo consideradas) del peronismo en camino hacia y durante 2015: las posibilidades del FpV pasan, fundamentalmente, por ganar en primera vuelta o sacar una luz importante de ventaja sobre el segundo de cara a un eventual ballotage. Los resultados de la gestión económica serán fundamentales a esos objetivos, pero la credibilidad y estabilidad del frente político también tendrán su cuota de importancia.

En el sentido planteado en el párrafo anterior, las necesidades defensivistas del oficialismo coinciden, lamentablemente, con las de algunos de los grandes actores del poder establecido en nuestro país. A fines prácticos los resumiremos aquí, mal, en Clarín y LA NACION, ya que son la voz de expresión de estos sectores y es, Clarín, a pesar de la Ley de SCA, uno de los actores más importantes en cuanto a debate e imposición de agenda se refiere (no define elecciones, no voltea gobiernos con cuatro tapas, pero vaya si conserva poder de veto. Incrédulos preguntar por Boudou, Amado —y odiado por los consumidores del GDA—). Coincide, decíamos, lamentablemente, porque se relacionan en el interés por evitar el crecimiento de figuras opositoras. Afuera, pero también por dentro del FpV para el cristinismo. Afuera, pero también por dentro de la oposición para Clarín.

Entendemos entonces la necesidad del oficialismo, en esta etapa, respecto a la relativa dispersión de preferencias electorales... ¿Cuál sería la de —resumiendo— Clarín respecto a esta fragmentación del voto? Aquí creemos que en la coyuntura se encuentran cómodos con —y estimularán— el escenario que describe actualmente Perechodnik (Poliarquía), de paridad entre Massa y Scioli, seguidos a distancia razonable por Macri y Hermes Binner. Si así no fuera, sería lícito pensar que los ataques contra el radicalismo, el FAP y el PRO (excusas sobran) no se harían esperar. No sólo a la facilidad operacional y a las razones que seguirán luego se debe esta presunción de comodidad: sostenemos que estos ataques no ocurrirán, además, porque estas opciones electorales —UCR, FAP, PRO— son pensadas estratégicamente como colectoras republicanas (o antikirchneristas) de cara al probable (y por ellos esperado) ballotage. Para que cumplan el papel asignado en el juego electoral a las terceras fuerzas en la CABA desde hace tiempo (y que analizáramos en detalle, en base a una nota de Edgardo Mocca y Miguel De Luca, en este posteo de julio de 2011). Desde una mirada efepeveísta, entonces, ¿se entiende la inconveniencia de engordar opciones que pueden ser luego tributarias del Frente Renovador?

Ahora, para justificar este atrevimiento, ¿por qué nos arriesgamos a prefigurar ese escenario y conducta? Porque no se encuentra alejado el primero de las posibilidades que entrega el devenir politico y porque se adapta, la segunda, a lo esperable por parte de nuestro periodismo nunca independiente: ¿qué mejor para ellos que la posibilidad de influir en el proceso de manera controlada, subrepticia y, a la vez, promover la conformación de un mapa político fragmentado?

Una polarización para las elecciones de octubre está en el interés del FpV, como dijimos antes. Es la única fuerza nacional que puede, en un escenario de gobernanza económica perceptible, arribar al 40% de los votos y una ventaja mayor al 10% sobre el segundo. Es que una polarización entre Massa y Scioli le conviene al candidato con mayor anclaje territorial a nivel nacional. Scioli y el FpV en este caso, vista la casi inexistente estructura del massismo por fuera de la PBA. El escenario de ballotage, además, establecería en términos simbólicos e institucionales un Presidente con menor poder que en estos años de kirchnerismo. Como en el cuento de la frazada corta futbolera: si la política ve recortada su maniobrabilidad, son las corporaciones —y más aún las que tienen capacidad para imponer agenda como los grandes medios— las que incrementan su poder de extorsión.

martes, 15 de abril de 2014

Llegó la respuesta política al paro político

No escuché o leí a nadie criticando la cadena nacional de ayer. Claro, ¿quién podría, seriamente, oponerse al blanqueo laboral? Dijo CFK que algunos, con seguridad, no estarían de acuerdo, pero sería políticamente incorrecto... blanquear su postura. No es difícil coincidir, cuando la pelea de cualquier economía en disputa es por la apropiación de la renta, y esas disputas, hoy, se dan —por suerte— en el terreno de los derechos laborales y no en el del empleo en sí (aunque vengamos empatando desde hace varios años en el rubro).

Si decíamos que el paro general (de transporte) del pasado jueves era político (como todos, claro), la respuesta debía ser política. Y lo fue en el mejor sentido posible. Si la dirigencia gremial opositora centra sus demandas en los intereses de la punta de la pirámide de los asalariados, el gobierno responde introduciendo el dedo en una llaga dolorosa: esa que sirve de recordatorio sobre lo poco y nada que hizo el sindicalismo a favor del blanqueo laboral. Más aún si consideramos que más de un tercio de los trabajadores se encuentran dentro del rubro informal.

De este modo el gobierno toma una demanda existente, pero que no forma parte del núcleo de peticiones de la CGT disidente sino que, directamente, las supera. Es el camino a recorrer siempre que sea posible. Forma parte, además, del quiebre de tendencia dentro del oficialismo luego de las legislativas pasadas y la renovación ministerial. Si antes el kirchnerismo estaba más preocupado por conservar su legado histórico (la autorreferencialidad que en su momento señalamos), sin considerar las necesidades del FpV en los plano político y económico, ahora comprendió que sin dominar las variables que hacen a la gobernanza económica, hasta su legado histórico puede verse menoscabado.
Aquí consideramos que el razonamiento debería también aplicar al plano político. Pero eso será tema de una próxima entrega (?).

domingo, 13 de abril de 2014

Pagni a Massa: archivá la transversalidad, capo

Carlos Pagni fue quien, desde LA NACION, marcó el camino transversal que Massa recorre luego de su triunfo en las legislativas 2013. Así analizábamos en octubre pasado la hipótesis marca Pagni: “...el pelado analista, militante del sector racional del mitrismo, recomendó recientemente a Sergio Massa que en 2015 fuera a la caza del voto independiente (...) estaría advirtiéndole que el personalismo puede vencer a la organización durante un acotado periodo tiempo (éste, de 2013 a 2015) y el resto (el peronismo) viene solo después (...) para resumir, le recomienda que conserve el caudal electoral que con seguridad cosechará en estas legislativas, compuesto por voto peronista, , perocomo también sostiene Manolo– por voto republicano, progresista o, aún, antiperonista (o antikirchnerista; los límites suelen ser difusos). No lo dice, pero sugiere desde LA NACION que parte de ese caudal puede esfumarse si STM retorna a mixarse con el peronismo realmente existente...".

Massa, obediente —y ante el fallo de la teoría garrochista made in Asís—, se dedicó al cortejo de las clases medias urbanas, desperonizando, des-poskirchnerizando (sí, tal cual: lo explica Meler acá) y derechizando su discurso. Ocurrió igual con su política de alianzas, ya prefigurada en ocasión de su rompimiento con el FpV: buscaría fagocitar dirigentes de todo el espectro político, pero principalmente del campo republicano, a sabiendas de que ya había mordido en la PBA un buen número de los votos de CFK/Scioli modelo 2011 y que del radicalismo y el PRO debía extraer representatividad, cargado como estaba/está de la potencialidad para derrotar al odiado peronismo efepeveísta. Eso, como ahora, implica que mucho de su campaña, basada en el eje —aún no superado— kirchnerismo/antikirchnerismo, depende de lo que haga o deje de hacer el oficialismo (lateralmente, respecto a su reciente gira norteamericana, no consideramos aquí que tuviera motivos electoralistas sino, fundamentalmente, de banca para la campaña).

Ahora, su incapacidad para trascender las fronteras de la provincia de Bs. As. (aunque en ella se juegue buena parte de la suerte nacional en 2015), llevan al pelado analista, Pagni, a recomendarle al FR exactamente lo contrario que hace escasos seis meses. Dice ahora: “...Massa converge con Moyano y Barrionuevo porque, como a ellos, le conviene el deterioro del Gobierno. Sólo si Cristina Kirchner se mantiene al borde del abismo se producirá lo que Massa está esperando desde que ganó las elecciones bonaerenses: que el PJ lo elija como líder y, al hacerlo, le provea esa estructuración territorial de la que todavía carece...".

Uy, exactamente lo mismo que dijimos hace un par de semanas en aquella entrevista con la Agencia Paco Urondo: “...mientras DOS pretendió siempre heredar al kirchnerismo y liderar al peronismo oficialista, con anclaje nacional, el tigrense, al quebrar con el FpV, se encuentra disputando en terreno opositor. Y desde allí tiene un doble desafío, lógico para una tercera fuerza: por un lado sustraer votos republicanos (UCR, FAP) y de la centroderecha (PRO), con anclaje en la zona núcleo o centro y, por otro lado, su apuesta política no se centra en atacar a CFK sino que hace hincapié en su lucha contra Scioli, para hacer así de Massa una necesidad del peronismo nacional, como soñara alguna vez para mismo Macri...".

Lo perdonamos, claro. Al fin de cuentas de eso se trata hacer análisis político o componer canciones: rapiñar de quienes son mejores que uno (¡¿?!) sin que se note tanto. Pero a Pagni se le nota. Igual, lo queremos (?). No es el único. Para el caso, Abel Fernández cita a Ignacio Fidanza, quien también resume de modo similar los dos problemas principales de Sergio Massa: se queda sin conejos para sacar de la galera en lo que respecta a dominio de agenda y se encuentra limitado para crecer ya que no consigue robarle más votos a Macri, la UCR o el peronismo oficialista. Se demostró poco elástico el crecimiento en el espacio cercado por Scioli de un lado (el izquierdo, ja) y Macri del otro. De allí también que matar a Scioli sea una necesidad para el massismo, que así podría intentar nuevamente situarse en la platabanda de la abandonada ancha avenida del medio.

Pero retornemos al análisis del abrupto cambio de estrategia propuesto por Pagni . No es sólo la incapacidad del FR para seguir sumando lo que lo inquieta: es evidente que el paro y la capacidad de fuego del sindicalismo en versión opositora lo asustó. El título de su columna es sintomático: “La puja que amenaza el sueño de Cristina". Inteligente, sabe que más importante que llegar es luego mantenerse. Ve entonces que Massa necesita pactar con lo sucio, con aquello que asusta a la biempensante clase media, con la negritud. De ese modo no hay transversalidad que aguante, no hay coalición clasemediera antiperonista que permita arribar y mantener el poder. Le sugiere entonces, pragmático como los liberales conservadores vernáculos también suelen ser, que debe dirigirse defensivamente hacia el peronismo. Un retorno al cafierismo, a la revolución de los Coroneles. No creo equivocarme si digo que más temprano que tarde veremos al massismo disputar nuevamente por el discurso peronista, con cantos hacia aquello que hasta ahora vienen tratando despectivamente como “el sesho" y “la cáscara vacía" y en odas a su renovación. Es que los zapatitos blancos de Béliz, en el peronismo, no sirven para el barro de la ascensión política última.

viernes, 11 de abril de 2014

Moyano y el kirchnerismo: un paro pensando en 2015

Al momento del quiebre entre Hugo Moyano y el kirchnerismo, mientras buena parte de la militancia festejaba el desembarazarse de un “impresentable" que desafiaba a la Conducción, aquí sostuvimos que: “quien suprascribe entiende la fractura en términos negativos (porque) significa el fin de lo que fue un periodo iniciado por Kirchner y Moyano a poco de andar el kirchnerismo: el del manejo político de la conflictividad laboral ya que, al contrario de lo que pueda pensarse, atomizar la central (aunque de hecho fuera así ya) disminuye el poder de negociación del gremialismo en su conjunto pero aumenta la capacidad de daño de los diferentes sindicatos". El paro de ayer, la mayor conflictividad de los últimos años para cerrar paritarias, y el avance mismo de la izquierda dura dentro de algunos sindicatos avala la tesis propuesta respecto a la inconveniencia de la fractura. Claro, it takes two to tango, pero sólo suele hacer falta uno para quebrar una relación. Lo señalamos también en su momento: Moyano quiso cobrar de más, pensó que su representación debía ser mayor no debido a que aportara electoralmente (aquello de que la mitad de los votos le pertenecían se trataba claramente de una falacia), sino al control de la calle que permitía mantener. Mal hubiera hecho Cristina al ceder a la presión, y a poco de andar el segundo periodo de CFK, el quiebre se materializó. No era difícil advertir que “si la situación de la conducción hubiera resultado debilitada por las urnas (en octubre/2011), el precio de Moyano como "garante del modelo" hubiera aumentado y hubiera traspasado los límites del sindicalismo". También resumimos las razones subterráneas a la disputa: “la pelea por espacios de poder, por las listas armadas a dedo por CFK, por dinero de las obras sociales, por la participación y el impuesto a las ganancias, hacia el interior del sindicalismo y hacia afuera para contrapesar el acercamiento de la UIA (o a la UIA), por una "sensación" de Moyano de no ser lo suficientemente reconocido". Quizás calculó que el ajuste ortodoxo que el kirchnerismo lleva ahora adelante (matizado con pinceladas de heterodoxia que —es lícito pensar— otro gobierno no consideraría) se materializaría antes y de allí su prisa por comenzar a acumular hacia 2015 sin pagar costos que ahora, indudablemente, se encuentra pagando.

Dijimos también, en ocasión del primer paro general que debió afrontar el kirchnerismo el 20 de noviembre de 2012, que: “no podría entenderse, la medida de fuerza, si no consideráramos que se trata del reposicionamiento de actores políticos (y no sólo gremiales) de cara a la reconfiguración de alianzas que más temprano o más tarde ocurre cuando un elenco gubernamental transita el que puede ser su último periodo. Así como Clarín presiona no al gobierno, sino al Poder Judicial y a los sectores políticos que, piensan, podrían estar cerca de ganar las próximas elecciones, Moyano y Micheli se sitúan como actores con poder de veto con los cuales, necesariamente, esta y la próxima generación política deben negociar". No podemos entonces comprender el paro de ayer como un llamado a combatir ajuste e inflación, razones poco atendibles si conocemos lo que una huelga verdaderamente significa respecto al derecho laboral, pero debemos reconocer que “no puede ser sino legítimo que Moyano y el gobierno utilicen las herramientas de las que disponen". Así, el oficialismo responde a través de Randazzo con un descuento de subsidios a las empresas de transporte que adhirieron al paro. Como el kirchnerismo renegó del paro, el sindicalismo opositor elevará quejas por la medida. De todos modos me parece importante pensar esto mas allá del consignismo mediático: como también decíamos en el post linkeado anteriormente “si lo que va a decir la prensa opositora es el marco para encuadrar nuestro pensamiento o acción, estamos atados -así- a la lógica de esa prensa opositora".


La evaluación que aquí realizamos es que Moyano y Barrionuevo pueden darse por satisfechos. Más allá del nivel de acatamiento, difícil de mesurar, demostraron poder de fuego y será difícil que no sean tomados en cuenta en el nuevo esquema de poder a partir de diciembre de 2015. Pero no deben confundirse, ya que “acatamiento" poco tiene que ver con representatividad. Un paro general, sin el concurso del sistema de transporte parado, patotas sindicales amedrentando y ejerciendo violencia física, sumado a los piquetes de la izquierda dura, no encontraría mayor eco en la sociedad debido al desprestigio y ausencia de representación de Moyano, Barrionuevo y compañía. No es inadecuado razonar que en el quiebre entre Moyano y el oficialismo, es el líder camionero quien más perdió: abandonó la cocina de la política para merodear por el jardín en búsqueda de atención. De otro modo, no hubiera necesitado convocar a un paro para demostrar poder de fuego, con el desgaste que ello genera, a más de un año de las PASO/2015.

¿Qué resta luego del paro entonces? ¿Responder a sus demandas? Se dificulta enormemente cuando las razones son tan difusas. Se están tomando medidas para bajar el índice inflacionario, y en muchos sentidos eso comprende un ajuste (cuando las medidas heterodoxas aplicadas desde 2011 ya fracasaron). Entonces, como ya dijimos —y para finalizar—, el sindicalismo opositor no busca ninguna respuesta del oficialismo, y el paro tenía como objetivo principal mostrarle musculatura, capacidad de daño, a quienes se perfilan como postulantes en 2015. Quizás por ello encontrar el modo de deslegitimar aún mas lo burdo de los disímiles y nebulosos reclamos sea una respuesta acertada: si todo paro es político, toda respuesta debe necesariamente también ser política.

martes, 8 de abril de 2014

Matar a Scioli (o el progresismo inconducente)

Un amigo me dice “por cómo lo maltrataron, el tipo debería ser el antikirchnerista más feroz". Le respondo que Scioli hizo de la lealtad su modus operandi, y le recuerdo lo que gusta de recordar DOS cuando recita cómo estuvo hasta el final con Menem, Duhalde y Rodríguez Saá. “Sí —me retruca—, Scioli es leal al kirchnerismo muy a pesar del propio kirchnerismo".
Cabe aclarar que mi amigo soy yo mismo y que el desdoblamiento obedece a razones de orden literario. También que es verdad que soy buen amigo mío, aunque a veces quiera cagarme bien a piñas. Como a otro buen amigo, el kirchnerismo que cree que es socialdemocracia alfonsinista y repite con mayor convicción que un Aguad o un Sanz aquello de que se quiebre pero que no se doble.

El alfonsinismo tardío del kirchnerismo es una de las embarradas más feas que debe soportar el relato. Derrotista, es la exaltación de la imposibilidad. No estoy seguro de que el peronismo de la Liga de Gobernadores lo dimensione, pero debería. Parafraseando a Asís, puede llevárselo puesto como a bufanda y no en el buen sentido —el que querría entender un kirchnerista emocional—, sino entregándole el gobierno a un partido de oposición el próximo año. Hago un alto y le pregunto a mi amigo que soy yo: “che, ¿y qué te jode, bolu?". Me respondo amablemente a pesar de lo lanatiano del epíteto advocativo, que me jode que se privilegien los intereses corporativos del proyecto político, sin considerar las consecuencias que matar al candidato mejor perfilado del espacio (aclaremos ahora que así como arriba dice Scioli bien podría decir Gioja, Urtubey o cualquier otro apellido. El problema no es DOS sino la emergencia de un liderazgo distinto dentro del FpV, algo que el kirchnerismo siempre buscó evitar. Por otro lado, cualquiera que midiera debería diferenciarse y, al hacerlo, sería entonces torpedeado. Se tratan de dos lógicas distintas, originadas en intereses y campos de acción diferentes) las consecuencias, decíamos, que esto podría acarrear al conjunto de la sociedad en caso de que el gobierno cambiara de color en diciembre de 2015. Además, es poco peronista. ¿Acaso el kirchnerismo prefiere ser tristemente añorado antes que constituir el primer escalón, el más importante, de un proyecto de más largo aliento? A veces pareciera que sí, otras que no. Aclaremos algo más: no considero que contradecir a Scioli califique como matarlo; el título es hiperbólico, pero no significa que estos bandazos cortoplacistas no sean percibidos por la sociedad. Son funcionales al kirchnerismo, por supuesto, pero no para construir una posibilidad de continuidad, aunque sea esta moderada (o alvearista, como el kirchnerismo mismo en su etapa actual). Como dice mi amigo Aldo Jarma: “...es precisamente ese 2015 que se atisba a la vuelta de la esquina el que comienza a generar pasiones encontradas en el peronismo: el despegue e instalación de un oportunista como Sergio Massa al tope de las encuestas intranquiliza por igual a gobernadores y al gobierno nacional, con un agravante: no hay acuerdo en imponer un candidato común para contrarrestar el avance del massismo (...) (Cristina) No bendecirá a ninguna Dilma local y dejará que las PASO den su veredicto... (lo que colisionará) con los intereses de gobernadores e intendentes del PJ a los cuales les interesará contar (antes de las PASO) con un candidato fuerte para enfrentar a Massa (sea o no del gusto de la Rosada) y evitar el drenaje en sus territorios...".

Es que no es tan difícil: con una sociedad corrida hacia la derecha (queda claro ahora que es así, cuando antes nos discutían cuando lo señalábamos: [1] y [2]), no se entiende la necesidad de cuidar el halo progresista si no se trata de algo distinto a proteger un legado. Por si fuera poco, ¿cuándo ganó una elección el FpV apelando al voto progresista? ¿En 2003, 2007, 2011? Sepan disculpar la risa sardónica: es el tétanos (?) de la contractura muscular que traduce la búsqueda de anular cualquier construcción política dentro de la propia fuerza. Ya en diciembre quedó claro que esa apelación alfonsinista/progresista resta apoyos en la sociedad. ¿Y para qué, para el 10/15% de Filmus en la CABA y el 5% de Sabbatella en la PBA? Jeños.

No considero conducente disparar a los pies del peronismo, excluyendo al kirchnerismo de la ecuación, diferenciándolo, en aras de preservar una pureza que no existe. Son mensajes que siempre se decodifican, tanto hacia el interior como en la percepción de la sociedad. ¿Quién quiere Sabbatella Conducción? Argentina es bastante más grande y diversa que el acotado universo de lectores de Página/12, aún del viejo Página. Disculpá, Verbitsky.

lunes, 7 de abril de 2014

Linchamientos en Panamá

No se trata del país del Canal, no, sino de la revista digital que angalanan plumas más finas que la de uno, dicharachera y acostumbrada al puchereo semiológico concuspicente (?).


Muy amablemente, quienes hacen Panamá Revista nos invitaron a colaborar con un texto (y desde ya lo agradecemos), y salió este sobre cierta hipocresía respecto a las razones que hicieron de los linchamientos el tema nacional de estas semanas. Planteamos, por ejemplo:

«...¿Falta Estado? Siempre. ¿El rol irresponsable de medios y dirigentes políticos, como en el no-debate sobre el proyecto de Código Penal? También. A razón de la sedición policial de diciembre, se advertía el mayor espacio que el discurso derechista y xenófobo ocuparía en nuestra sociedad. Pero no son tampoco suficientes para aproximarnos a la problemática que ocupa el centro de la agenda hoy. ¿Por qué entonces la agitación actual, el estado de alerta y movilización alrededor del tópico? Porque en este caso los linchamientos comprometen al que en el imaginario social es el corazón mismo de esta sociedad. Porque ocurrieron en Rosario, en la Ciudad de Buenos Aires y, sobre todo, porque ocurrieron en los barrios civilizados de la sobreanalizada clase media. Es la clase media asistiendo al horror de reconocer que el monstruo también habita en ella...».

Completo aquí.

Como la crítica que me hicieron algunos al texto fue que se detiene en lo meramente descriptivo, que carece de una propuesta (!), aquí sumamos algo que merodeamos en el posteo anterior: podemos considerar que para aproximarnos al tema Seguridad existen dos posiciones enfrentadas. En el relato, sí. Por un lado, quienes aborrecen de cualquier planteo que no se circunscriba únicamente a los tópicos de largo aliento como inclusión, educación, etc. Por otro, quienes adoran discutir con su garantista ideal imaginario y cuya argumentación, llevada a la práctica, finaliza con un "no estoy a favor de los linchamientos, pero...". Son quienes dicen "¿Y si le pasara a tu hijo?" como forma de clausurar cualquier debate que no se encamine hacia posiciones más reaccionarias y simplistas.

Por aquí consideramos que las apelaciones a mano dura, bala a los delincuentes, no debatir un nuevo Código Penal (ni siquiera proponer incrementar la escala de penas) o justificar reacciones criminales para congraciarse con cierto discurso que gana cada día más adeptos, son placebos livianos. Y que el placebo (porque no ataca directamente un problema que tiene múltiples raíces) más importante es el que nuestro sistema representativo considera: la representación social efectiva (y responsable) de las demandas. Si la sociedad cree que quienes deben encargarse de la solución lo están haciendo, la marea baja. Y cuando esto ocurre siempre hay menos ahogados.

sábado, 5 de abril de 2014

La cuestión Seguridad en la carrera a 2015

En materia de seguridad, lamentablemente, lo políticamente correcto se encuentra hoy bastante más a la derecha de lo que a uno le gustaría. Escribo “uno" y temo que deduzcan que mi filósofo de cabecera es Máximo, pero lo traemos a colación porque pretender modificar la percepción que de la realidad tenemos cuesta más que sólo proponérselo. Comparar estadísticas con el Harlem neoyorkino, puntualizar la innegable responsabilidad que los medios tienen en la creación de sentido común está muy bien, pero sirve de poco. Quizás sirva para tranquilidad de la propia conciencia, al colocarnos del lado Heidi de la vida. Y para decepción de la platea masculina, no nos referimos a la compañera Klum. Marcelo Saín señalaba hace unos años, a propósito de la creación del Ministerio de Seguridad, que “el progresismo tiene una visión totalmente maricona de la seguridad". El argumento, de tan pasado por arriba por el carro de la historia reciente, no es siquiera polémico. Saín se ha convertido, además, en el experto en seguridad que los progresistas con culpa adoramos citar para demostrar realismo político.

En seguridad todo hacía prever que la sociedad viraría lenta pero inexorablemente a posiciones más conservadoras y reaccionarias. Es parte del germen del miedo, como explicábamos allá por 2009 en el primer post decente que escribimos: “El miedo y la angustia". De Rico a Ruckauf, de Blumberg a De Narváez, hoy Massa y también Scioli. A propósito de la reciente sedición policial advertíamos que se fortalecían “los lazos intragrupo, mientras que se ensancha la grieta que separa a los distintos grupos entre . Recomponer los entramados de una sociedad ya de por bastante guettizada no será sencillo. Otra consecuencia, muy relacionada, será el mayor espacio que el discurso derechista y xenófobo ocupará en la sociedad". Es lo que pudimos confirmar con la “propuesta" —¿pre-puesta? (?)— de no-debate sobre un nuevo Código Penal y la justificación de los linchamientos liderados irresponsablemente por Massa. Martín Rodríguez señaló recientemente, refiriéndose al precandidato del FR, que la cuestión “seguridad", para definir a un político, es insuficiente. Y compartimos el diagnóstico, pero no podemos ignorar, de todos modos, que la cuestión seguridad será inevitablemente uno de los temas de la campaña 2015. Y Scioli se suma a ello declarando la emergencia en seguridad en la PBA. Desde la gestión puede ser un arma de doble filo, dependiendo de que se  perciban resultados o no. Si el resumen que hacen acá es ajustado, no creo que el progresismo kirchnerista tenga más que chicanas para diferenciarse, haciéndole involuntariamente un favor a Daniel Osvaldo (y personalizando en Scioli, no vale protestar, cuando el kirchnerismo puro y duro, el que entra en una combi, hizo mucho por convertirlo en el candidato mejor posicionado del espacio). Para sumar a la ecuación que explica la primera línea de este párrafo, no debe sorprendernos tampoco que la sociedad se torne más conservadora y menos tolerante cuanto mejor se encuentra en términos económicos: luego de conseguir trabajo no es ilógico que pretenda conservar lo obtenido. Un Nunca Menos individualista, pero que no por ello debe ser ignorado.

Retornando a Saín, este agregaba que el progresismo tiene “una visión sociologizante que indica que la seguridad se va a alcanzar cuando se reforme la sociedad y mientras tanto no saben qué hacer. Deben aprender que, en democracia, si la gestión de la fuerza publica no se hace con una firme voluntad política, dentro de los parámetros democráticos y legales, lo harán las propias fuerzas corporativas que las administran de modo autoritario. El resultado es que el progresismo termina asumiendo un modelo retrogrado y conservador pero con culpa". Y allí podemos encontrar un nudo a partir del cual desenroscar la madeja. Las cámaras de seguridad, el viejo Código Penal, incrementar la escala de penas, no son panaceas (como inclusión, educación y salud públicas de calidad) y sí placebos menores. El mayor placebo, el que nuestro sistema republicano y representativo considera en primer término, es la efectiva representación, algo que se relaciona y mucho con el imaginario. Esto, representar —pero con responsabilidad— las nuevas demandas de la sociedad, será fundamental para enfrentar la situación. Y también las elecciones en 2015.