domingo, 22 de marzo de 2015

Encuesta de Poliarquía: Scioli le gana a Macri en segunda vuelta

La guerra encuestológica de zapa (!) es uno de los instrumentos a los que apelan los candidatos en su pelea por posicionarse. Cada quien tiene el suyo y cada uno de nosotros puede hacer de su propia credulidad una bicicleta y prestársela a quien mejor le parezca. La encuesta de Poliarquía (Scioliarquía, dicen los massistas, a quienes su propio encuestador Aragón pone en aprietos en la mismísima PBA), la encuesta –decíamos–, es congruente con los escenarios y descripciones que aquí venimos planteando. Veamos.

Marzo de 2015, 1272 casos (de puros votantes naranjas –!– ) a nivel nacional, pero fundamentalmente de grandes distritos (como nota de color –naranja (!)–, en Tucumán toma a la ciudad capital, cuando sabemos que el peronismo recibe aquí porcentajes más amplios en el interior profundo de la provincia).

Para las PASO de agosto, recaba que es el FpV el espacio más votado, con un 36% (el piso, el piso). Colaboran Scioli (25%), Randazzo (10%) y Urribarri (1%). Sigue el PRO con 22% (no suma los votos que podría acercar la UCR, aunque todo está por charlarse en ese espacio que aún no recibió siquiera bautismo) y luego el FR de Massa con un 19%. Para la tesis de PASO de candidatos y no de partidos, Poliarquía aún tiene a Scioli arriba en la pole position: 25% contra 22% de Macri y 19% de Massa. Complicado el vecinalismo nacional (?).

Se verifica uno de los planteos que aquí realizamos, compartido por muchos peronistas/kirchneristas no ultras: el espacio FpV mide más que el candidato, mientras que los otros espacios “son” los candidatos. Década ganada para el peronismo también, no tanto así para las distintas vertientes opositoras, que se van ordenando a los tropezones y apuradas de cara a este año electoral.

Para octubre, primera vuelta, la encuestadora prevé un 31% para Scioli (¿pierde un 5%? ¿Quiénes son esos antimanquistas que no leen Los Huevos y las Ideas, eh?), 25% para Macri (sumaría 3, todos ultra seisieteochistas –¡chan! –) y 21% para Massa (sumaría 2). Habría ballotage y éste sería de empate 45 a 45 entre Scioli y Massa y, en el caso que prevé la encuestadora para octubre, Scioli vs. Macri, el ex motonauta derrotaría al ex procesado por contrabando de autopartes en Sevel (je) por 51 a 40, lo cual me parece no sólo lógico o esperable sino hasta sensato por parte de nuestro electorado. Bien ahí, chicos (?). Recordemos que fue este estúpido y sensual bloguero el primero en sostener que el FpV puede ganar también en segunda vuelta.

La encuesta es naranja y Randazzo pierde en ballotage tanto frente a Massa como frente a Macri. No se enojen, randazzistas, pero no me parece para nada descabellado: basta de dantepalmearla con que los votos son todos de la Jefa, de su dedo y entendamos que hay razones más allá de la ideología, la pertenencia a un espacio o los propios deseos que determinan la suerte de los candidatos. Por caso, acá explicamos las responsabilidades del kirchnerismo para haber hecho de Scioli el candidato más medidor y el que el peronismo en usufructo por parte de los gobernadores ha elegido.

Pero el cuadrito que más me gustó es el de intención de voto a Presidente según zona geográfica:


Casi que se explica sólo, pero certifica un par de presupuesto de este blog:

1. Massa no mide en PBA lo que su triunfo de 2013 podía hacernos creer. Allí reside el problema del FR y los movimientos internos de la fuerza en ese distrito lo traducen. El resto del país casi que es anecdótico para el massismo sin un triunfo plebiscitario en la provincia de Buenos Aires.

2. Macri se lleva las preferencias en la zona núcleo o centro, aquella que fuera el objetivo primero de Massa cuando en 2013 intentara nacionalizarse como líder de los reclamos del sector agropecuario opositor. También aparece fuerte en el interior de la PBA, 10 puntos por arriba de Massa. Cuando hace un año decíamos que sería la UCR PBA la que determinaría la necesidad del radicalismo de aliarse al PRO no contábamos con ese dato pero lo sospechábamos desde un principio: Macri se llevó la representación radical en la CABA, ¿por qué no en el otrora fuerte bastión boina blanca del interior de la PBA? Por historia, por necesidad de supervivencia identitaria, casi, Macri es una apuesta más congruente que Massa.

3. Los número de Scioli en el Norte no me sorprenden. En Tucumán las imprentas se están quedado sin tinta naranja y no se trata de una cuestión ideológica o de convicciones sino de peronismo puro y duro: ¿quién puede ganar? Vamos con él. Sí me sorprenden, en cambio, sus guarismos en el Gran Buenos Aires (el área de influencia primera de la gestión randazzista)y en el interior de la PBA. Los verificaremos en agosto/octubre, pero las dudas aquí planteadas reafirman la necesidad de encontrar el candidato a gobernador adecuado y que venga acompañado de una lista que refleje electorabilidad antes que la capacidad de rosca interna. Según Poliarquía, Scioli también mide más que Massa en la región centro.

Para cerrar, este post estaría necesitando un lindo párrafo final, pero con fe, esperanza y poniendo siempre el hombro, pueden leer la encuesta de Poliarquía cliqueando aquí

jueves, 19 de marzo de 2015

UCR+PRO no es Alianza, sino el ACyRepublicano (entrevista en la Paco Urondo)


En 2009 la UCR ponía el Acuerdo, Carrió el Cívico y Binner el Social (bueh, fueron todos eufemismos, no se exalten...). Enrocaron al FAP por el PRO y, ahora, con Macri, nace el Acuerdo Cívico y Republicano (en su acepción etimológica (!) y norteamericana). En entrevista con la Agencia Paco Urondo decimos, entre otras cosas:

"...Desde 2001 se puso de moda decir que el radicalismo murió, y sin embargo tuvo a Macri, Massa, Clarín, Techint, Vila y al resto del poder económico a la espera de lo que determinara en Gualeguaychú. La UCR no muere porque existe una cultura radical muy ligada al antiperonismo, una estructura nacional que hace usufructo de ello y tradiciones, también. Pero es cierto que desde la caída de la Alianza no puede encabezar una fórmula presidencial. Tuvo a Alfonsín en 2011 porque la potencialidad de Cristina y el FpV estimulaban la fragmentación y el Acuerdo Cívico y Social de 2009 no tenía entonces razón de ser. El que hacen con Macri es otro ACyS pero volcado hacia la derecha conservadora. El acuerdo UCR-PRO no es más que un sinceramiento radical respecto a su base electoral. Sólo basta fijarse en la CABA dominada por el PRO, cuando la UCR la imaginaba territorio propio luego de la Constituyente del ‘94.

Algo parecido ocurrió con el radicalismo en Tucumán, cuando el bussismo se sirvió de sus votos y dirigentes desde 1989 hasta 2003 (con excepción de 1999).

De todos modos, este acuerdo con el PRO no recupera a la Alianza UCR-Frepaso, como andan diciendo. La Alianza era un proyecto de poder con una construcción de tres años, que ganó las legislativas de 1997 a nivel país. Este acuerdo UCR-Macri es mucho menos: para que fuera la Alianza harían falta ese tiempo, construcción y tener a Massa adentro...".

Le agradecemos a la @PACOURONDO y pueden leer la nota completa aquí...

domingo, 15 de marzo de 2015

La UCR y el PRO, o el sinceramiento radical

Este será un posteo corto, puesto que todo lo que podríamos decir ya ha sido escrito en estas páginas. Si bien hasta ayer pensaba que finalmente la Convención no arribaría a un acuerdo y el radicalismo se quebraría para que perdieran tanto Sanz como Morales/Cobos, hace un año sosteníamos que para el radicalismo nacional, una alianza con el partido de Mauricio Macri resultaría de conveniencia mutua. Señalamos entonces que sería la UCR de la PBA la que definiera la necesidad de dicho acuerdo y así ocurrió: 37 de ellos votaron a favor, 28 en contra y hubieron 7 ausentes (4 del intendente radical-macrista Gustavo Posse). A por lugares en la lista, entonces. ¡Hala! (?).

El resumen dicta: ganaron Sanz, Macri, Clarín y Techint. Perdieron Morales, Cobos, Massa y Daniel Vila.

No pudo la Convención decidir quién será el candidato que enfrente a Mauricio, pero todos descuentan que será Ernesto, cuando Cobos adelantó que si triunfaba la postura de su competidor, él debía ser también el encargado de encabezar la boleta radical (un modo de presión que no surtió efecto).

El massismo celebra que no se cayeran los acuerdos provinciales (Jujuy y Tucumán) cuando éstos nunca estuvieron en discusión. Se habló, en cambio, de negociaciones hasta última hora para que la Convención no aprobara el acuerdo. Es una derrota para Massa se mire por donde se lo mire. Como adelantáramos, la lógica instrumental de los acuerdos en el NOA opera en favor de los candidatos radicales a la gobernación en el primer turno y la contrapartida era apoyo radical al FR en el ballotage. Esa posibilidad para el massismo no está más cerca luego de la decisión de la UCR en esta madrugada de domingo. El macrismo, en cambio, tiene motivos para celebrar: llevó al radicalismo hacia el acuerdo que pretendía y excluyó a Massa de la primaria.

Resta conocer cuál será el modo en que se instrumentarán los acuerdos, el nacional y los provinciales, en Tucumán, Jujuy y Santa Fe. Si el radicalismo tucumano tiene dos gramos de cerebro, serán como en 2011, cuando el festival de boletas encabezadas por Cano ilustró los cuartos oscuros provinciales. ¿Qué hará por su parte Macri con los candidatos a gobernador propios con los que pretendió presionar a Morales y Cano? ¿Los mantendrá y hará campaña por ellos? ¿Los bajará acoplando la lista de legisladores a la boleta de los candidatos radicales? Las elecciones en Tucumán, por lo pronto, se encuentran desdobladas de las nacionales por semanas de diferencia. ¿Qué ocurrirá en Santa Fe, único distrito en el que Macri cuenta con un candidato propio con chances? Comienza a despejarse el panorama, que equivale a decir que las opciones se van estrechando.

Para finalizar, ¿por qué nos referimos a un sinceramiento radical? Porque este acuerdo con la centroderecha democrática es congruente con el sentir del grueso de sus votantes, que ven en Macri a alguien mucho más digerible que Sergio Massa debido a su pasado kirchnerista y su futuro de posible retorno al peronismo. Como sostuvo Sanz anoche, cuando reconoció no ser vanguardia y habló de los pasos que debía dar el radicalismo para alcanzar a la sociedad que ya había decidido: el votante radical ha mutando desde aquel lejano alfonsinismo cultural, integrado actualmente más al imaginario kirchnerista que al de dirigentes como Morales, Cobos o Sanz. El radicalismo es una estructura nacional que sólo tiene chances electorales como contraparte o contrapeso del peronismo, y esa es la oportunidad que ofrece en este 2015 el PRO como tercera fuerza con despliegues distritales. El votante radical está hoy más interesado en desalojar al kirchnerismo que en recuperar banderas socialdemócratas que fueron robadas. Si Néstor Kirchner soñaba con un bipartidismo a la norteamericana, de fuerzas inclinadas levemente hacia ambos espectros del arco político, el acuerdo de la UCR y el PRO se encamina, tarde, en aquella dirección. Aunque quizás no se trate de una demora sino de que recién ahora existe una posibilidad cierta de concreción seguida de éxito.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Convención de la UCR: ¿la FITea con Macri o se troskiza con Cobos?

¿Cuál es la vocación de la UCR? ¿Ser columna vertebral de una alianza que de soporte a un sistema nervioso exógeno o ser cuerpo y mente de sí misma? En Bastión Digital, Diego García resume muy bien las perspectivas del radicalismo camino a la Convención Nacional del 14 próximo: “…En este debate el radicalismo decide frente a una bifurcación incierta. Por una lado, una apuesta de dudoso éxito electoral, en la que habría de participar sin fuerza relativa considerable; por el otro, intentar sentar bases de credibilidad para una reorganización política cuyos frutos recién se verían, en el mejor de los casos, en el mediano plazo. La primera opción se alimenta con una incuestionable vocación de no querer morir de inanición. La segunda, de no querer morir de intrascendencia…”. No morir de inanición o de intrascendencia, ¡qué panorama!, pero no es tan trágico porque el radicalismo sabe que de las próximas elecciones puede salir fortalecido en lo que a partidas presupuest… digo, en lo institucional, claro, eso. Para muscular esa expectativa es que se debaten los caminos: ¿interna nacional con Macri o candidato propio en UNEN? La disyuntiva es mentirosa, porque lo realmente importante ocurre por debajo de la superficie. Allí pocas cosas cambiarán sea cualquiera la bifurcación elegida: en aquellas provincias en las que la UCR haya acordado con Massa, el acuerdo se mantendrá (Jujuy y Tucumán, los casos testigo); y en aquellas en las que la realidad dicta aliarse a Macri, será así aún si decidieran encarar agosto/octubre con la famosa Lista 3.

Dicho lo anterior, ¿cuál es el sentido del debate entonces? Vamos por partes. Primero, la importancia que adquiere la Unión Cívica Radical dentro del esquema del campo opositor, manteniendo al PRO y al Frente Renovador pendientes de su resolución (ya que ambos carecen de estructura por fuera de sus distritos). En El Estadista lo resumen bien, aunque se trate de una vulgar copia del análisis que hiciéramos en la Agencia Paco Urondo –¡devolvé la bolsa, El Estadista! – cuando en noviembre del año pasado sostuvimos que la UCR “…aún sin un candidato medidor supo en este último tiempo proyectarse como una sombra sobre todo el arco opositor. Si podrán instrumentar de modo conveniente el tiempo que compraron pateando definiciones hacia adelante es una incógnita, pero al menos no se bajaron el precio enganchándose ahora mismo como furgón de cola del PRO o el FR…”. No lo hicieron, y por ello evitaron la intrascendencia anticipada que sepulta a los espacios con candidatos que no superan el dígito. Tienen, entonces, algún margen para sentarse y discutir en la mesa opositora. Pero en la práctica dicha trascendencia fenece el 15 de marzo, luego de la Convención, exista o no definición. Luego será el tiempo de los no-radicales.

Ocurre que la disputa en el campo opositor no deja de ser entre Macri y Massa, pero a nivel nacional (ya hace algún tiempo que Massa abandonó su disputa contra Scioli, al blindarse efectivamente el peronismo oficialista). En los niveles subnacionales es donde la UCR deposita expectativas, y en la representación parlamentaria. Es una de las razones por las que un acuerdo con Macri aparece como más conveniente (y no sólo la financiación como sugiere aquí Manolo): Mauricio tracciona y tiene construcción en los distritos más poblados de la región centro (CABA, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) y se encuentra creciendo en el interior de la PBA. Es en este distrito donde se cifra buena parte del destino que la Convención encauce. Lo decíamos hace un año, al hablar del espanto y la oportunidad que enlazaban a la UCR y el PRO: “…Para el radicalismo de la provincia de Buenos Aires (…) el espanto se llama Sergio Massa (…) Porque desde que abandonó al FpV, el ex intendente de Tigre hizo usufructo de su pertenencia peronista pero fue sobre los votos de la representación republicana, vaciando de significado la existencia del radicalismo como partido de oposición al peronismo (…) Evitar que Massa se lo devore (…) es ineludible para la UCR-PBA…”. Ahora no es sólo Massa, sino también Macri la amenaza allí y en el resto de los mencionados distritos. Y la perspectiva luce mal: o acuerdan a nivel partidario o Macri los suma de a uno pagando menos.

El acuerdo PRO-UCR en Entre Ríos oficia como precedente (candidato a gobernador del PRO, vice del radicalismo), pero Cobos respondió a la foto entre Macri y Sanz fotografiándose a su vez con Sergio Massa en Mendoza. ¿Qué emergerá de la Convención? Es arriesgador adelantarse, considerando que el número de boinas blancas siempre es indirectamente proporcional a la posibilidad de acuerdo. Para voh´, que hacés ciencias sociales y no matemáticas: a mayor número de radicales, menores posibilidades de acuerdo. Sanz pretende que la UCR vaya a primarias con el PRO; Cobos quiere ser candidato a Presidente. Una pretensión impugna a la otra. Arriesgamos: no habrá acuerdo. Es decir: pierde Sanz y no es el vice de Macri. Lista 3 y acuerdos provincia por provincia y localidad por localidad. Escenario cuatripartito como venimos sosteniendo: PJ-FpV, PRO, FR y UCR.

Por lo pronto, resulta divertido y a la vez sintomático que Clarín se haya convertido en el house organ que alienta la alianza (que no será la Alianza: para eso deberían sumar a Massa) y cuenta los pormenores de la interna radical al detalle. Es el Intrusos de la Convención de la UCR: en esta nota casi anunciaron un acuerdo y en esta recogen el enojo de Sanz contra Cobos, al que acusa de ser funcional a la “estrategia de Massa”. Si ésta última es que todo continúe como hasta ahora (acuerdos en provincias del NOA), lo del FR es catenaccio puro. La estrategia de Macri, en cambio, pretende ser ofensiva, quedarse con la mayor parte de la estructura/representación radical y, como dijimos, con soporte en el estratégico interior de la PBA para contrapesar el conurbanismo pejotista. Faltan sólo un par de días. Calma, radicales.

sábado, 28 de febrero de 2015

Unión Democrática, Caprilismo o Primarias Opositoras Para Todos

¿Qué será de la próxima Convención Nacional del radicalismo? ¿Triunfará la visión de Sanz, la de Cobos, la de Morales… Solá, digo, y la de todos aquellos que pretenden recrear aquella entente electoral pergreñada para derrotar a Perón en 1945? Lo cierto es que se habla mucho del tema pero no del por qué. Se lo da por supuesto: es el temor a que el peronismo oficialista triunfe en primera (o aún segunda vuelta como en Brasil, arriesgamos aquí). Pero si en 2013 parecía que Massa ya era Presidente y ahora Macri casi que lo pone a Larreta de JdG… no, jefe de gobierno no, sino de Gabinete, en el puesto recuperado por Aníbal Fernández. ¿Qué les pasó?, puede preguntar Tenembaum... Ocurre que Macri y Massa no se despegan con claridad, y el PJ-FpV no deja de ser primera minoría con porcentajes cercanos al recoletado en las pasadas legislativas. Es decir: el oficialismo necesita algo así como 10 puntos más para triunfar en primera vuelta y los distintos candidatos opositores poco menos de 10 también para superar los 30 y forzar un ballotage. Sumemos, entonces, dicen desde las usinas de pensamiento opositor, a Macri, Massa y el radicalismo. El famoso 70 a 30 de 2013 porque en política todo da igual, ¿nocierto?

No, no es cierto.

Pero vamos por partes. Carlos Fara, en el Estadista, Manolo Barge y Abel Fernández en sus blogs, juntos pero separados intentan analizar las perspectivas opositoras y sus posibles caminos. Fara le dice a la UCR que le conviene aceptar ser la columna vertebral de una nueva Unión Democrática pero sin conducirla, tarea que debería recaer en Massa porque es el que le pag... Ok, ok. Aquí creemos que el radicalismo iría antes con Macri (y explicame por qué debería ir detrás de un candidato que está amesetado/cayendo mientras el porteño asciende; o que podría encolumnar a una porción del peronismo en caso de ganar y dejar a los radicales con la ñata contra el vidrio; o sin una figura medidora en ningún distrito –ni siquiera en la PBA–, fuera de él mismo). En fin, digo esto teñido por un interés: al peronismo le sería más fácil confrontar con Mauricio que con Sergio. Lo que nos lleva a recordar las elecciones en Brasil, tema largamente tratado en el blog (ver la etiqueta). Resumamos para vos que tajaí haciendo fiaca: Marina Silva era la Massa de ellos, cuña del mismo palo, la posibilidad de acumular electores opositores y también afines al oficialismo pero cansados también de las formas, la corrupción, etc. Pensando en la segura segunda vuelta, parecía más factible que Aécio Neves, como tercero, tributara la totalidad de sus votos en Marina mientras que Silva corría el riesgo de dividir su voto entre el PT y el PSDB. El mismo temor que expresa ahora Ernesto Sanz como vocero de factores del poder económico: que no se diluya la opción Massa porque muchos de sus votos podrían retornar al FpV. Y tiene razón, agreguemos.

Fueron los resultados en Brasil, también, los que asustaron a nuestros think tanks opositores vernáculos, telúricos y folclóricos: desde entonces presionan por la unidad, cuando antes parecía que flotar resultaría suficiente y el opositor más avispado se la llevaría fácil. Pero ocurre que por sus porcentajes, Macri y Massa parecen encaminarse a cumplir el papel de Alfonsín y Duhalde en 2011, cuando ninguno pudo hacerse acreedor al voto útil luego de las PASO (y éste recayó en Binner como bien recuerda Manolo y este escriba insidioso en aquella entrevista con la Agencia Paco Urondo).

¿Es posible, entonces, recrear una Unión Democrática? ¿Depende del radicalismo? Si de arriesgar se trata, aquí ya lo hicimos: lo primero no es posible porque ya la Alianza fue nuestra Mesa de Unidad Democrática y De la Rúa nuestro Capriles pero, fundamentalmente, porque “...el espectro político, a nivel ciudadanía, no está tan polarizado como pretenden hacernos creer (cada vez que un opositor dice que nos parecemos a Venezuela se muere un gatito, felinicidas hijos de puta) (…) Sí podemos acordar con que el ordenador político continúa siendo kirchnerismo/antikirchnerismo, pero allá arriba, en el cielo de las minorías intensas. Abajo, en la tierra, no existen sectores representativos que piensen, realmente, que su libertad está en juego. Y la impostura se nota. Tampoco existen ciudadanos con la conciencia republicana hipertrofiada al nivel de un Nelson Castro o Marcos Aguinis (…). El sentido del relato de la derecha, entonces, la libertad, y el de la socialdemocracia, las instituciones, terminan siendo así tan sólo argumentos defensivos. Y el caprilismo (…) es un movimiento ofensivo, que tiene voluntad en la búsqueda del poder y que se presenta como superador, materia largamente pendiente para cualquiera de nuestras oposiciones”. A la segunda pregunta podríamos responderla con un “Y…” dubitativo pero pesimista, porque la mayor oposición no se encuentra dentro de las filas de la UCR sino que es el mismo Macri quien se niega a sumar al Frente Renovador. Massa aparece así desdibujado, a la espera de resoluciones ajenas.

De todos modos aquí creemos que se mantendrá la apuesta que hiciéramos en agosto del año pasado, a un año de las PASO, y que enfrentaremos un escenario cuatripartito animado por el PJ-FpV, el PRO y el FR (cada uno con alguna porción del radicalismo) y la propia UCR, que se verá obligada a presentar una fórmula propia para no boicotear su pretendida recuperación. Pero sobre esto último hablaremos la semana que viene.

martes, 24 de febrero de 2015

Reutemann con Macri y Massa con Mirtha

Sí, el título es chicana, ¿por qué no?, pero a nadie debería sorprender la pura lógica instrumental con la que algunos partidos se disputan dentro del campo opositor. Ya en la Paco Urondo sostuvimos que Massa va allá adonde hay más voto peronista y Macri adonde puede captar voto radical. Histórica y geográficamente, casi. Massa en Jujuy, Tucumán; Macri en Córdoba, Mendoza, Santa Fe.

De los radicales y el radicalismo hablaremos en otra.

Macri, como es sabido, intentó al inicio de su carrera política convertirse en referencia para que el peronismo fuera luego a buscarlo. Pero se quedó en cambio con el voto radical de la Ciudad de Buenos Aires, distrito que los boinas blancas contabilizaban como propio como prueba la autonomía peleada y conseguida por la UCR en la Convención Constituyente de 1994 y el doble periodo de De la Rúa al frente de la ya no intendencia capitalina. Fracasado, Macri, en su intento primero, se instala ahora como la vía no peronista pura, aunque ¿cómo explicamos al Lole? Ya volveremos sobre eso, aunque Ritondo o Santilli en la CABA se reivindiquen como peronistas PRO.

Massa, con Mirtha recientemente, evidenció que el creciemiento de Macri es a sus expensas y lo pone nervioso: tildó de neoliberal y corrupto al JdG de la CABA. Justo él que pedía sacar la pata del Estado de la cabeza a los productores rurales o que pregona realineamientos internacionales con centro en los EE.UU. y ya no Latinoamérica. Es que el plan de Massa era convertirse en el líder de la zona núcleo o centro, la pampa húmeda que se alzó durante la disputa por la resolución 125 que zanjó Cobos. No pudo ser, no pudo conseguir garrochas de origen peronista y ahora intenta vender que quiere darle una manito al radicalismo para el retorno del bipartidismo. Aún así, sólo pudo arreglar con los radicales del NOA. Como dijimos, porque Morales y Cano calculan –mal– que Massa puede acercarles voto peronista en sus distritos. Claro, en buena medida, tienen ya el voto del que ve en Macri a la esperanza blanca de la Argentina no peronista.

También es probable que buena parte del radicalismo, el seguidor de los lineamientos del establishment, termine fungiendo como soporte estructural de la candidatura de Macri más allá de la CABA. Veremos.

Ahora sí, Reutemann. Estaba con Massa y ahora suena como posible vice de Macri. La razón tiene poco que ver con el peronismo santafesino. O, en realidad, tiene que ver con que el Lole ya no puede terciar por una banca como candidato del peronismo santafesino para el Senado. El PJ-Sta Fe no pudo confluir en la candidatura de Ma. Eugenia Bielsa y ahora espera a Perotti, aspirando al tercer lugar en la provincia. La disputa es entonces entre el socialismo+radicalismo y el PRO con Del Sel. Massa no tenía nada para tentar al ex gobernador santafesino. Pura lógica instrumental, decíamos antes: el PRO puede aportarle a Reutemann el canal para llegar al Senado y, en palabras de Rubén Weinsteiner, los “fueros para no ir preso por las causas d l inundación”. Puede, en contrapartida, aportarle votos al ¿ex? Midachi para quedarse con la gobernación y consecuentemente a Macri como Presidente, pero más importante que eso para las aspiraciones del líder del PRO: como en un gol de visitante que vale doble, le arrebata a Massa lo único con lo que podía ilusionarse en Santa Fe.

jueves, 19 de febrero de 2015

Golpes duros y golpes blandos

Una de las ventajas que otorga el disfrutar de una democracia en buen grado decantada es que sectores minoritarios pueden agredirla sin causar por ello un perjuicio irremediable. Lo que en otros tiempos podría haber generado un sismo político con implicaciones institucionales hoy se enmarca en una disputa que no es –como antes– orientada de modo únivoco hacia la censura que genera aplicar los términos de la moral sino, en cambio, es entendida como síntoma de las tensiones derivadas del ejercicio del poder que los distintos sectores políticos, económicos, mediáticos y hasta fuerzas extranjeras detentan. No nos referimos, por supuesto, a la marcha convocada por fiscales del PPJJ y medios de comunicación opositores sino al Caso Nisman en general: una acusación (sin evidencia para soportala) contra la Presidenta de un país realizada por un fiscal que luego aparece muerto (y que se presume asesinado aunque las evidencias apunten todas hacia el suicidio).

En el relato del oficialismo, se trata de un golpe blando al modo de las revoluciones de colores o de la así llamada primavera árabe, y se relativiza en consecuencia la marcha de ayer. Vale decir que no son “el pueblo” o “la gente”, como gustan de autotitularse, ni tampoco expresan algo siquiera cercano a una mayoría, pero sí a un sector particularmente influyente de la sociedad que ya había mostrado signos de divorcio allá por 2007 (legitimidad segmentada a la Carrió) y que en 2011, en parte, refrendó al FpV por una conjunción de factores emocionales y económicos. Como sostuvimos, no fue tanto la acusación como la muerte de Nisman la que habilitó la re-emergencia de esa corriente que se había expresado a favor de las patronales del agro y luego en sucesivos cacerolazos impulsados por el cepo al dólar y medidas de tipo proteccionistas. Claro, desde la vereda de enfrente el relato tiene aún menos asideros lógicos: dictadura, asesinato, simulación. Hay mayores dosis de hipocresía, también: el oficialismo tiene menos empacho en señalar –saludablemente, debemos agregar– que se trata de una disputa de poder; desde el campo opositor utilizan la muerte del fiscal para golpear en nombre de las instituciones, de la República o aún de la libertad. Si en un tiempo fue el kirchnerismo el que quería llevarnos al paraíso a patadas en el culo, los sectores opositores pretenden usufructuar Hollywood para erigirse en norteamericanos llevando “democracia” y “libertad” a Medio Oriente.

¿Se tratan de las dos veredas que limitan la grieta? Antes minorías intensas peleando por el sentido, ganando las calles o las redes sociales. Aquí creemos que los amplios sectores sociales que no adversan con ninguno de los dos campos deben ser ganados racional y no sólo emocionalmente –si no se consiguió adherencia con el saturómetro de emocionalidad marcando niveles inusitados, y…–. A pocos meses de las elecciones nacionales y provinciales, el escaso clima de entusiasmo fuera de los núcleos duros podría certificar la anterior afirmación.

El caso Nisman, el #18F y el Poder Judicial implican desafíos para oficialismo y oposición. El primero no debe sólo mantener la amalgama de sus adherentes –tal parece su pretensión– sino ampliar su base electoral; porque puede ganar en segunda vuelta pero sería harto difícil. Cuenta con el activo de los ejecutivos en casi todos los niveles, que está en el centro de la pelea y que pretende seguir gobernando hasta el último día (las urnas aborrecen el vacío de poder). La oposición política, en cambio, se desdibuja hasta el punto de otorgarle importancia a la próxima convención de la UCR nacional. Si el cese de los cacerolazos después de 2013 y en 2014 se atribuía a la representación conseguida por los distintos fragmentos que confrontan con el kirchnerismo, Massa, Macri y los radicalismos deben replantear sus estrategias: la marcha puede ser capitalizada por la oposición de algún modo nebuloso pero no por algún nombre propio. Dicho de otro modo: la representación del oficialismo no está en duda, pero la de la oposición no es patrimonio de quienes imprimirán sus nombres en las boletas. El teorema de Baglini se verifica a medias entonces: son Carrió o Bullrich quienes se inmolan frente a las cámaras, pero a Macri o Massa no parece importarles la posibilidad de heredar un gobierno herido de credibilidad o que ha sido manoseado por la prensa frente a la opinión pública de Occidente.

La respuesta del oficialismo frente al caso ha sido pobre desde el comienzo, con las dos cartas de CFK en Facebook o sus primeros discursos públicos. Golpe blando, advierte ahora 678, pero la respuesta invariable –y pertinente– es para qué querrían voltear a un gobierno en sus últimos meses. Ya no está entre nosotros Raúl Alfonsín para responder a esa pregunta, pero sí Carlos Menem. Sabemos que la aversión del establishment con el kirchnerismo nace y se multiplica con su incumbencia en materia económica y la disputa de poder que ello involucra, en todas direcciones, adentro y afuera del Estado –y recomiendo esto de Sol Prieto para entender el accionar del Poder Judicial en estos últimos tiempos–. Entonces, para responder a la pregunta, el caso Nisman y sus derivaciones deben entenderse también como un modo de desacreditar al kirchnerismo en tanto portador del virus del intervencionismo y condicionar, así, al próximo gobierno, cualquiera fuera este. Pero más aún si pretendiera contener dosis importantes de kirchnerismo en su seno. Si retrocedemos en el tiempo, el reemplazo de Menem por De la Rúa en 1999 no implicaba un cambio de orientación económica, pero Menem sí debió entregar el manejo de la economía al establishment cuando asumió anticipadamente en 1989. Que el kirchnerismo tuviera siempre como una de sus preocupaciones principales desactivar los mecanismos que permiten asestar golpes económicos ha resultado, sin dudas, un golpe duro a los golpes blandos.