viernes, 3 de junio de 2016

¿Keiko o PPK? Enfrentamiento entre matices de la Derecha en Perú

Este domingo, Perú elige entre Keiko Fujimori o Pedro P. Kuczynski, en la segunda vuelta de un proceso electoral que contó con algunas particularidades y otras situaciones que parecen de corte más tradicional para la política peruana.

No se trata de una disyuntiva entre modelos políticos. Nada hace pensar en que puedan existir grandes diferencias entre los programas económicos de Keiko o PPK. En las pasadas elecciones presidenciales existía temor por un posible cambio, cuando el actual presidente Humala triunfó en balotaje por muy escasa diferencia frente a la hoy más probable ganadora hija de Alberto Fujimori. En un contexto latinoamericano distinto, con un Brasil bajo un PT poderoso, con el FpV dominando la escena Argentina, Ollanta, ex aliado del chavismo y luego del Partido dos Trabalhadores, lideró un gobierno que se apartó poco y nada de los lineamientos fijados en los '90 por el fujimorismo, profundizados luego por Toledo y Alan García: apertura económica, TLCs, inversiones extranjeras y una distribución desigual de la renta. Aún así le reconocen a Humala un gobierno solidario que lideró una reforma educativa que muestra algunos resultados.

Retratamos algunas particularidades de estas elecciones en un posteo anterior, apuntemos ahora algo sobre este ballotagge y las continuidades.

El establishment peruano tomó claro partido por su candidato, Pedro Pablo, cuando en el primer turno la preocupación era bien otra y se llamaba Verónika Mendoza, la candidata más a la izquierda del sistema y la que prometía revisar concesiones mineras. Se descontaba el primer puesto de Fujimori, y para este momento la carta a disputar tendría al antifujimorismo como figura. Pero antes un interrogante: ¿qué ocurrió para que un país que tuvo una importante tradición de izquierda se debata entre matices derechistas? Uno nacionalista —Keiko— y otro más liberal o pro mercado —algunos sindican a PPK como el candidato de la Embassy—. Para no extendernos, dos nombres: Velazco y Alan García en los '80. El primero como dictador, el segundo como presidente democrático, protagonizaron ambos gobiernos de corte estatista y antiimperialistas. La hiperinflación y la guerrilla de Sendero Luminoso, con secuestros, muertes y migración interna desembocaron en Fujimori (padre) y el Perú de hoy, integrante de la Alianza del Pacífico.

En el reparto de votos de la primera vuelta, Keiko Fujimori ganó en Lima y en todo el norte a excepción de Cajamarca. La base de sus votos estuvo en los sectores D y E, los más pobres. Durante su gobierno, Fujimori padre no sólo liberalizó la economía peruana sino que desplegó, además, un aparato clientelar de soporte para las clases populares. El recuerdo del triunfo sobre Sendero, el despliegue del aparato durante estos años y un gran trabajo territorial —Keiko fue la única candidata que recorrió el país desde su derrota frente a Humala— explican los resultados y la probabilidad cierta de su triunfo.

Kuckzynski es, en cambio, un hombre del establishment. Acompañó a Vargas Llosa en su fallida aventura política y fue luego ministro de Alejandro Toledo. Tercero en las pasadas elecciones, segundo en esta primera vuelta, será en balotaje el depositario del voto antifujimorista. Su base son los sectores A y B: ganó solo en Arequipa y fue segundo en Lima y en otros departamentos. Así como Keiko debió luchar contra el antifujimorismo, PPK debió enfrentar la percepción de que gobernará para los ricos. Si el desafío de Fujimori asienta en un clivaje político, el de Kuczynski es claramente económico.

La encuestadora IPSOS fue entregando simulacros electorales durante los pasados tres domingos. Todos le otorgaron una ventaja creciente a Keiko: medio punto primero, casi cuatro luego y poco más de 6% en la última medición. ¿Está todo dicho entonces? Probablemente, pero no deberíamos descartar una sorpresa: ninguna encuesta daba ganador a Humala en el último ballotagge presidencial; ser si bien la diferencia entonces era menor y dentro del margen de error.

No solo porque su hija pueda ser la próxima presidenta es que estas elecciones tienen a Alberto Fujimori en escena. Los cortes clasistas del voto y las estrategias desplegadas por ambos sectores rememoran el enfrentamiento entre Fujimori (padre) y Mario Vargas Llosa en 1990. Hace 26 años un ignoto hijo de japoneses derrotó al Nobel de Literatura representando a los pobres vs. los blancos ricos. PPK es hoy Vargas Llosa para el clivaje sectores bajos/altos. Pero si en 1990 el voto “anti" castigó también al escritor, ahora es Keiko quien lo sufre, y PPK recibe la adhesión de todo el arco político —incluida Verónika Mendoza— para evitar el regreso del autoritarismo y la corrupción con que el imaginario político peruano recuerda al fujimorismo de Alberto. El domingo sabremos qué clivaje prevaleció, si el político para alegría de PPK o el socioeconómico en beneficio de Fujimori.

martes, 24 de mayo de 2016

2017

Quebremos, para empezar, un presupuesto germinal de la derrota del FpV-PJ en 2015: “tenemos razón y por eso vamos a ganar", pensar que la pura prepotencia de la realidad sería suficiente. Pasó Durán Barba, reactualizó el mantra lisérgico flower power de los '60, gritó canchero en su tonada cantarina “la realidad es lo que percibimos como real" y Mauricio Macri bailó donde nunca había tirado pasos. Sólo así podemos explicar un gobierno que en los datos duros es clasista combativo de derecha (bancos, multis, agro, mineras) y en las redes sociales —nucleares de su voto— se abraza con un vendedor ambulante de tortillas al rescoldo, sufre la discriminación del Papa y se preocupa —¡oh!— por generar empleo. Ahora sigamos; o empecemos.

La de 2017 es una elección nacional sólo para Mauricio Macri. Es, en cambio, una sumatoria de elecciones locales para el peronismo y, para el resto de la oposición, una oportunidad para incrementar las tajadas que puedan recibir luego.

¿Qué implica 2017 para Macri? Casi todo: arribó al PEN con un Congreso desfavorable pero, más importante aún, es el examen que debe rendir frente a sus sponsors y posibles financistas offshore —entiéndase “financistas más allá de nuestras costas", ¿por qué deben ser siempre mal pensados?—. Es la sustentabilidad política en el tiempo la que daría “confianza" a los que harían “llover inversiones" —léase capitales de riesgo/golondrina— y no las “reglas claras de juego" que descuentan para un gobierno como el de Cambiemos, de restauración conservadora o, mirando ahora la región, pos-populista. Un Congreso más favorable le permitiría, además, hacer el ajuste fino del ajustazo a brocha gruesa con el que pinta de amarillo la Patria. ¿Cómo? Castigando más al interior (con el imaginario de provincias inviables siempre al alcance de la mano) que al polvorín de la PBA, posibilitando el rescate de una María Eugenia Vidal que podría arrastrar al fango a la administración nacional, amén de ser una de las cartas sucesorias. Esto no podría realizarse sin una reconfiguración de las fuerzas parlamentarias.

Si para el peronismo no hay 2019 sin 2017 (cómo robaron con eso en 2013), para Mauricio Macri no hay gobierno sin 2017. En términos históricos, las elecciones del próximo año, ¿serán 1993 o 1997? En el peor de los casos pueden ser las legislativas del voto Clemente/feta de salame, octubre de 2001, pero para eso sería necesario que Mauricio continuara siendo Macri con más ajuste y nuevos tarifazo y devaluación.

¿El peronismo debe ganar en 2017 para aspirar a 2019? No necesariamente, y Macri2015 lo prueba. Como vertebrador de la oposición real y posible al oficialismo, el PJ-FpV no sufre las urgencias de Cambiemos y goza de más tiempo; pero adolece algunas taras que el gobierno no padecerá. En primer lugar, es oposición y cuenta con menores recursos. En segundo término, carece de un liderazgo aglutinador que pretenda delinear una estrategia pero, además, que pueda luego capitalizar nacionalmente un triunfo. Tercero, las “empresas a las que les interesa el país" y financian campañas tienen más interés en el país de Macri que en uno peronista. Finalmente, la minoría intensa opositora no debería descontar un estallido como bala de plata frente al macrismo: aquí creemos que no se producirá por múltiples razones. La situación elástica que dejó en la macro y microeconomía el gobierno de Cristina como una de las principales. Tanto es así que el oficialismo mete mano —¡oh, un Estado interventor!—, deteriora todos los indicadores económico/sociales y aún así no debe sufrir un paro general.

Si enfocamos los actores con mayor protagonismo y proyección del peronismo, veremos que la realidad descrita fundamenta algunos movimientos: el del PJ-PBA respaldando a Scioli pese a la derrota, pero reuniéndose también con Cristina; el pacto de Urtubey con su predecesor Romero, única chance de conseguir un triunfo plebiscitario en Salta que nacionalice su figura; Capitanich, desde la intendencia de Resistencia —con aguante—, notoriamente desdibujado desde el desembarco de Cristina en Comodoro Py. Massa (y Urtubey) proponiéndose al empresariado como pos-macristas que podrían hacer lo que a Mauricio y Cambiemos, por limitaciones de estructura y concepción política, se le complica.

Mientras, el macrismo incrementa el gap entre realidad y relato mucho más allá de lo que el kirchnerismo intentó. ¿Eso debería alcanzar para que el electorado castigue a Cambiemos en las próximas elecciones? Ni soñando. Pero será el imperio de lo fáctico lo que sustentará las chances de esta coalición pro mercado en la que el Mercado, aún, no confía para cabalgar el país contencioso, estatista y nebulosamente peronista. El macrismo deberá encontrar un relato que encauce el tránsito que propone a ese “segundo semestre" que no llega porque con el.antikirchnerismo no le alcanzará. El peronismo, por otro lado, podrá surfear en los reclamos laborales y sociales, pero deberá esperar a 2019 para aglutinarse en torno a una figura o dos, representando a los intereses sociales en pugna con el capitalismo salvaje macrista. Entre tanto, continuará braceando en el río revuelto post ballotage, avistando siempre el peligro de los carteles que en la costa señalan “Esto no es Normandía. No desembarque para golpear a Macri". No mencionamos al Führer solo para evitar la Ley de Godwin, claro, aunque Goebbels envidiaría el aparato comunicacional del oficialismo y piensa que Durán Barba es un tipo espectacular.

Como toda legislativa, las elecciones de 2017 dirán más del oficialismo que de la oposición. Pero a pesar de que el “segundo semestre" no llegará para traccionar las boletas de Cambiemos, el estallido tampoco se hará presente para hundirlo. Podemos presumir con alto grado de certeza que se incrementará la protesta social, pero el sistema político tenderá a dar soporte a Macri aduciendo razones de supervivencia. ¿Qué queremos decir entonces? Que no cualquiera le gana a Macri en 2019 y que Cambiemos no necesita hacer mucho más que pisar el freno de su ajuste para conseguir buenos resultados en 2017.

lunes, 16 de mayo de 2016

Sobre Macri, el Frente Ciudadano y la situación en Tucumán, en la Paco Urondo

Las necesidades políticas y económicas del gobierno colisionan entre sí, ¿o acaso es posible realizar el ajuste y transferencia de recursos que el macrismo considera necesarios y, a la vez, construir consenso y estabilidad política? Charlamos de esto, del peronismo y de la situación social en Tucumán con la Agencia Paco Urondo. A continuación un extracto pero pueden leer la charla completa en la APU:

“...las mentadas inversiones sólo llegarán cuando el oficialismo genere “certidumbre”, tanto política como económica.

Las certezas económicas son las que va entregando: devaluación, tasas altas, apertura económica y eso que mencionás como turbulencias pero que, para el gobierno, forman parte del plan. El desempleo es una de las anclas seleccionadas para moderar la inflación. Esta última podrá bajar, pero el salario real, el poder adquisitivo, no se recuperarán. Pero para que la “esperanza” con que “el mundo” mira a la Argentina se traduzca en dólares contantes y sonantes, el gobierno necesita de sustentabilidad política en el tiempo, y ese es el verdadero desafío de Cambiemos: ¿puede gobernar la protesta social que ya sacó a la calle?, ¿puede gobernar con el Congreso? Las recientes advertencias sobre la “mala comunicación” oficialista no eran materia para el análisis semiótico sino político: claramente le decían al oficialismo “no se encierren en el PRO y hagan política, no garrote, con el peronismo”. No son giles Pagni, Carrió o Silvia Mercado, están mirando lo que ocurre afuera: en Brasil, por ejemplo...

APU: ¿Qué implica la reaparición de CFK? ¿Cómo analiza el lanzamiento del Frente Ciudadano?

...Veo difícil llevarla a la práctica porque implicaría debatir algo que la realidad no puede aún imponer, que es la cuestión del liderazgo. Pretender que 2017 zanje esa cuestión implica ganar en PBA, pero el riesgo es alto cuando considerás el número de variables en la ecuación: Cristina, Scioli, los intendentes, Massa, Macri y Vidal, ¿Carrió? Mi impresión es que pretender imponer un liderazgo antes de 2019 no es sólo utópico, sino que resultaría contraproducente...

APU: Lo llevo a la realidad local, de su provincia natal, Tucumán: ¿Cómo ve la situación social en torno a la inflación, el parate de la actividad o el tarifazo? En una reciente entrevista el bloguero Manolo Barge nos decía que como ocurrió en el 89 o en 2001 la situación social iba a estallar antes en el interior que en PBA.

RT: Es cierto que en el '89 y 2001 explotó antes en el interior que en PBA. Tucumán también supo ser punta de lanza de muchos acontecimientos nacionales, como los cierres de ingenios, el Tucumanazo o el horror del Operativo Independencia. De todos modos, tengo dudas y pienso si no se dará, acaso, esta vez en PBA el inicio de una protesta social de escala. Por caso, la caída de la actividad es palpable en mi provincia (carezco de cifras pero amigos comerciantes, fleteros en corralones o los mismos taxistas me cuentan de un descenso, a ojímetro, de un 40% o mayor aun de la actividad, recaudación y/o clientes), pero no existen acá protestas como la del personal de salud al gobierno de Vidal o un clima enrarecido como al interior de la Policía Bonaerense.

Sí hubieron protestas de taxistas por el incremento del GNC y de trabajadores del Ingenio San Juan por deudas, pero creo que si el macrismo decide seguir golpeando el bolsillo (una nueva devaluación, otro ajuste tarifario), las condiciones de un estallido podrían generarse antes en PBA debido a la sinergia que su gobierno debería realizar con la Nación para que Macri tuviera éxito en su plan constrictivo. ¿Puede Macri ahogar más a las provincias peronistas del NOA/NEA que a PBA para salvar a Vidal? Podría, pero sólo si consiguiera un triunfo plebiscitario a nivel nacional en 2017 de modo tal que alterara las relaciones de fuerza en el Congreso. Por ahora, no parece el caso".

Acá completa...

domingo, 8 de mayo de 2016

Manual macrista de cómo NO hacer política

Tenés el apoyo o, por lo menos, la expectativa por parte del arco gremial de que van a poder negociar con vos:
Pero tu plan económico choca de frente contra cualquier posibilidad de conservar a las centrales sindicales de tu lado. Ni una les podés tirar. Por si fuera poco, hasta Barrionuevo te relaja. Barrionuevo, ¿se entiende? Ba-rrio-nue-vo:
Debido también a las necesidades políticas que te genera tu plan económico (devaluación, despidos, tarifazos y consecuente caída del consumo/actividad), necesitás que alguien te de una mano para surfear la mala con una cortina de humo. Con el "periodismo independiente" no alcanza, por suerte están Lorenzetti y el Poder Judicial:
Pero la operación se te va de las manos porque no tenés, precisamente, la cola limpia. Báez menciona como socio a Calcaterra, tu primo, y de repente tenés que frenar como gusano en bajada:
Le pediste un favor a Lorenzetti, el Poder Judicial se pone al frente y ahora, graciosamente, le pedís al que pague el costo político de tu mal cálculo o falta de previsión. Lógicamente, se van a enojar:
Si fuera un poco menos educado, el Supremo principal te hubiera tirado un MACRI, GARAVANO, AGARRENMELÁ CON LA MANO.

Quizás sea una derivación de la CEOcracia: no es lo mismo ser Amo y Señor en una empresa que afrontar la necesidad de negociar con los muchos actores de la vida pública y política. Preguntar a Isela Costantini, si no. Cuánta sopa les falta tomar a estos muchachos.

lunes, 2 de mayo de 2016

La comunicación del macrismo: ¿oficialismo u oposición?

El macrismo despliega su propia batalla cultural. No se trata de imponer el ideario liberal: si el kirchnerismo debía “vender” las bondades del intervencionismo estatal, Mauricio Macri hace usufructo de la hegemonía –Gramsci, te queré’ matá’– del pensamiento liberal; pero debe vender, sí, el arribo de un futuro promisorio, el ya famoso “segundo semestre”. Acá estamos convencidos de que va a llegar, así demore años y debamos quizás esperar a que lo acerque otro gobierno.

Para comprender cómo se pensó la comunicación macrista, retrocedamos a tiempos de Cristina.Las operaciones de prensa fundamentales se desplegaban los domingos a la noche, desde la pantalla de Canal 13 y con Lanata. Así, el antikirchnerista tenía toda la semana para verduguear al por entonces oficialismo en su ámbito de trabajo. ¿Cambió eso? Sí, #cambiamos: las operaciones se desarrollan ahora los viernes o sábados, desde tribunales: Lázaro o Máximo K, arrojados para ser devorados durante el fin de semana y así calmar al tipo de a pie, asegurándole que su sufrimiento actual es resultado y responsabilidad del gobierno anterior. Puesto de otro modo, se trataba de exteriorizar la furia antes; se trata de procesarla por dentro ahora. Esto apoyado empíricamente en la evidencia, como mostró recientemente Ibarómetro: del 52,7% de encuestados que aprobaban al macrismo, según la encuestadora en abril, el 45,3% lo hacía “porque representa algo distinto al kirchnerismo".

Pero gobernar conlleva responsabilidad, algo a lo que no estaba acostumbrado el PRO o Cambiemos.

No hay batalla cultural sin gestión económica que le de soporte, solíamos evaluar en tiempos de Cristina. Vale para Mauricio también, y tres excelentes notas del pasado fin de semana dan cuenta de ello. En respuesta a Pagni, Carrió y Silvia Mercado, quienes desde la militancia oficial leseñalaban a Macri “problemas de comunicación”, Eugenia Mitchelstein, Manuel Mora y Araujo y Martín Becerra analizaron la comunicación del oficialismo para sentenciar, los tres, al unísono y sin previo acuerdo: “es la economía, estúpido”. Pero bueh, ¿qué puede esperarse de un gobierno queplanea planchar la inflación destrozando el poder adquisitivo de los salarios populares? ¿Antikirchnerismo, dicen ustedes? Sí, eso.

El macrismo desespera por mantener la grieta en términos políticos (K vs antiK) y evitar que vire hacia un eje económico (M vs antiM).

Desde la asumida derrota, Scioli fue señalando los golpes al bolsillo del nuevo oficialismo. También se llevó buena parte del discurso de “retorno” de Cristina –aunque en términos políticos oxigenara el momento macrista–, y fue el justificativo para llamar a un Frente Ciudadano. Tocó el turno de las centrales sindicales, con una movilización que dio por clausurado definitivamente el periodo de gracia de todo nuevo gobierno. Graciosamente, fue Macri mismo quien lo reconoció en su discurso del Día del Trabajador, dando por finalizada la Revolución de la Alegría con una emotiva pero sencilla e irónica frase: “saquemos una ley que diga que somos todos felices”. Implica reconocer que: 1) son gobierno, algo a lo que el macrismo se negaba; y 2) que no puede contentar a todos o, como suele decirse, algún culo tiene que sangrar, muchachos.

Resulta entonces en un cambio de la comunicación oficialista. Durante la semana anterior, Macri habíadado el puntapié inicial al reconocer que hay “gente que no llega a fin de mes” pero que ese “es el camino”. Deliberadamente excluyó de la “comunicación” a los que perdieron el trabajo. No los interpela porque sabe que los perdió. Entonces, si gobernaba sólo para su núcleo duro – baja/quita de retenciones, “salida” del cepo y devaluación, endeudamiento externo–, ahora también le habla sólo a su 24/29% de las PASO2015 y les propone alegrí… Ah, no, les propone paciencia. Segundo semestre. Bastante religioso y bíblico, a falta de un término mejor: sufrimiento ahora para acceder al paraíso luego. ¿Es una estrategia defensiva? Sí, pero ¿qué otra le queda? Apelar a los fusibles. La remoción de Marcos Peña, como le pidieron La Nacion, Carrió y Sil Mercado.

El macrismo, obligado por las circunstancias, se encuentra transitando una mutación en su política de comunicación: desde la oposición que solían ser hacia el oficialismo que ahora detentan. Son ahora gobierno para la opinión pública que lo adversa, pero todavía oposición al kirchnerismo para su núcleo duro. Su público comprende, abraza y agradece postulados como “detrás de cada empleo inútil hay un maestro que no hemos podido poner al frente de un aula”.

domingo, 24 de abril de 2016

Los interrogantes que plantea Brasil para la estabilidad política en la región

Brasíl, decíme qué se siénte
Que Témer quierá ser tú papá
Te júro que aunqué pasé'l impeáchment
Núnca nos vámos a olvidár
Que Cunhá te traicionó
Y el PMDB te abandonó
El PJ es más grande que el PT

Dos buenos artículos, hoy en LA NACION, hablan sobre la crisis política de Brasil. Crisis asentada, claro está, en una recesión económica que, junto al Lava Jato, crea las condiciones para el impeachment a Dilma y el intento por parte del establishment de hacer del Partido de los Trabajadores un recuerdo.

El texto de @MECasullo plantea tres interrogantes para las democracias sudamericanas: ¿Presidencialismo o Parlamentarismo?, ¿Coaliciones o Partidos? y ¿es más racional ser moderado o radical? Sobre esto último, dice: “Uno de los principios de fe del análisis político de la pasada década consistió en diferenciar entre los gobiernos de centroizquierda populistas y los gobiernos moderados o institucionalistas. Diversas notas sostenían que los gobiernos populistas privilegiaban el cortísimo plazo en lo económico y distribuían a mansalva, mientras que los gobiernos moderados privilegiaban la gobernabilidad de largo plazo con políticas más racionales, mayor crecimiento económico y el consenso no sólo de la sociedad política sino, crucialmente, de los sectores empresarios. Sin embargo, la realidad va en contra de esta dicotomía, al menos desde el punto de vista de los presidentes. Es cierto que Venezuela parece marchar rumbo a un colapso económico, pero la Bolivia de Evo Morales es un ejemplo de disciplina económica, con la inflación más baja de Sudamérica y con deuda tomada a una tasa del 6% en 2014; Ecuador también se ha mantenido estable económicamente. Mientras tanto, en Brasil el PT ha presidido sobre una recesión sin antecedentes y el empresariado brasileño accionó públicamente para su caída. Sin ir más lejos, el kirchnerismo argentino logró sobrevivir a varias coyunturas críticas y dejar el poder sin una crisis económica abierta. ¿Cuál será, mirando hacia adelante, el incentivo que tendrá un gobernante de centroizquierda para moderarse si, al fin y al cabo, esta moderación no parece conllevar de por sí mayores perspectivas de éxito?". Bien leída, resulta una advertencia también a los establishment regionales y globales: si la reacción a los gobiernos populares es tan virulenta y negociar con el empresariado no redunda en estabilidad política, ¿por qué no tensar la cuerda y señalar las Grietas? Claro, cada país presenta sus particularidades, y podemos decir a esta altura que el justo medio no se encuentra en el centro del arco planteado por la pregunta. Dos ejemplos de equilibrio —entre la radicalización que representa el chavismo y la moderación de Dilma y el PT— bien pueden ser las presidencias de Morales en Bolivia y Cristina Fernández en Argentina. Evo tuvo la muñeca política suficiente para rosquear con la medialuna oriental boliviana y CFK pudo comandar a la gran mayoría del peronismo hasta la finalización de su mandato.

De todos modos, estos procesos de destitución constitucionales o golpes institucionales consiguen un objetivo secundario al devaluar el valor del voto. Cuando la ecuación 1 persona = 1 voto no determina luego la estadía del representante seleccionado en el gobierno, la democracia que tanto costó conseguir en la región ve devaluado su sentido y la clase política toda entra en descrédito. La estabilidad institucional no puede ser sólo de aquellas instituciones que nos gustan, y las chances de Donald Trump en EE.UU. deberían fungir como advertencia suficiente.

La segunda pregunta de Casullo respecto a Coaliciones o Partidos parece responderse sola, visto el caso brasileño. Pero Facundo Cruz, también en LA NACION, pretende un giro de tuerca: no son las coaliciones —dice—, sino el modo de gestionarlas: “El problema de fondo radica en discutir los modelos de gestión de esos acuerdos entre partidos, es decir, el gobierno de la coalición antes que la coalición en sí misma". Y aunque desde un punto de vista peronista pueda parecer errado (“¡mejor un partido que las coaliciones! ¡Viva Perón, carajo!"), es también desde un punto de vista peronista (por lo pragmático) que lo apuntado por @facucruz tiene gran validez: los países con presidencialismo de coalición en la región, Chile y Brasil, no cuentan con un partido como el PJ, que puede mantenerse sólo en el poder, como demostró el último periodo de Cristina en el PEN. Para Brasil y Chile sólo queda surfear en la fragmentación de partidos para mantenerse arriba de la ola.

Esto último debería servir también para nuestro país, que se encuentra transitando el segundo gobierno de coalición de su historia democrática reciente (el primero, la Alianza, no dejó un buen recuerdo). Cambiemos y Macri deberían tomar buena nota de ello, y pensar que si tienen entre sus objetivos avanzar contra la lista sábana en la reforma electoral que planean (oh, la modernización), pueden estar favoreciendo el parlamentarismo de coalición antes que el presidencialismo que asegura —vaya paradoja— mayor estabilidad institucional.

lunes, 18 de abril de 2016

La oposición en tiempos de selfies

Podríamos decir también “la oposición en tiempos del macrismo” y hacer el paralelo con el cólera, aunque es poco decoroso reconocer que nos está pegando una cagada bárbara. Tracemos, sin embargo, un panorama de su oposición (aunque sea todavía temprano para prefigurar su reemplazo en 2019) desde los más a los menos macris… bah, tres carajos nos importa lo que estén haciendo Massa, Stolbizer o lo que resta de la oposición oficialista ahora, Urtubey incluido. Este último está realizando un pobre papel como figura decorativa de la gobernabilidad macrista. Un amigo me decía hace tiempo –y cúanta razón tenía– que si el gobernador salteño hubiera decidido hacer una oposición peronista y razonable, no hubieran tenido con qué darle en la interna del PJ. Pero en cambio eligió jugar a ser el Menem de Alfonsín; y no son pocos los peronistas que consideran que puede ser Menem post Alfonsín también. Es parte de su apuesta. Veremos, de todos modos, porque Macri tiene menos puntos de contacto con Raúl Ricardo que con Carlos Saúl (y dentro del radicalismo, lo unen más cuerdas con Eduardo Angeloz; si la comparación les parece poco adecuada, adviertan el color amarillo de Córdoba en noviembre2015 y cómo está afinando el lápiz rojo desde que asumió. Y vaya que Sí se puede: 127 mil despedidos en cuatro meses. Un verdadero triunfo político. Felicidades, Mauricio).

Vamos con lo interesante, que es la tensión remanente entre pejotismo y kirchnerismo ya que, creemos, allí se dirime la disyuntiva del proyecto antagónico al macrismo. Antes señalemos que quizás sea todavía temprano en tiempos políticos, aunque los tiempos electorales ya apremien a más de uno. Es por eso que los movimientos de cada actor tienden al bronceado de su persona bajo los reflectores de la atención social, que no es lo mismo que la mediática aunque se confundan. Así Massa y Stolbizer ensayan un despegue desde el filo-oficialismo, así Carrió fluctúa entre ser Lilita o Carrió, así Urtubey busca las tapas de las revistas del corazón. Cristina, Scioli y Gioja, Capitanich, piensan en otra pelea, aunque lo de CFK se parezca un poco más a la estrategia de los mencionados en la oración precedente. Tiempos de selfies.

La última novedad de la interna del PJ fue que no habrá internas. No es una novedad, claro, pero vistos los diferentes posicionamientos frente al macrismo por parte de los integrantes del ¿ex FpV? (¿Cristina lo sepultó con su propuesta de un Frente Ciudadano?), eran muchos los que imaginaban una interna para medir longitudes peneanas y dirimir el liderazgo. Eyaculadores precoces. Pragmáticamente, el PJ decidió privilegiar lo judicial –y entonces lo electoral– antes que promover una disputa de clivaje ideológico. La espada de Damocles de la intervención (no resuelta aún) puede servir en bandeja el instrumento electoral al macrismo para colocar a un interventor amigo –pienso en De la Sota– y, desde allí, el descalabro que imaginan: no sólo se llevarían la financiación electoral del partido sino que habilitarían la intervención de los PJ provinciales. Para 2017 y 2019 tendríamos entonces a la lista oficial del PJ compitiendo contra la de Manzur en Tucumán, para alegría de Cano o Amaya. En PBA, Cambiemos haría usufructo de dividir aún más al PJ bonaerense y Vidal ni siquiera necesitaría resucitar las botas de goma para zambullirse en algún charquito. Por si no queda claro, sin el Partido Justicialista podemos asegurar ocho años de macrismo y quizás más aún. Ah, ¿pero Cabandié dice que la gente no piensa en el PJ? Tiene razón, pero quizás él debería.

La otra novedad fue el llamado a la conformación de un Frente Ciudadano antimacrista por parte de Cristina, que contenga al PJ pero lo desborde. ¿Es novedad que la ex Presidenta pretenda saltear la intermediación pejotista y conservar su “jefatura”, sin licuarla en una mesa más horizontal? Not at all, podría tuitear @CFKArgentina. Pero existen dos problemas y una paradoja. La última es que CFK es aun la dirigente que puede alardear del mayor caudal electoral dentro del universo nacional y popular, pero que sin el concurso del peronismo de gobernadores e intendentes podría reeditar el derrotero de Menem en 2003. Dicho en términos arquitectónicos: es la que posee el piso más alto y el techo más bajo. Lo cual traduce también el incómodo lugar que deberían soportar quienes decidieran convivir en su espacio. Ese es el primer problema al que hacemos referencia: el peronismo no aceptará sin más reeditar la estructuración del FpV cuando Cristina no es ya la cabeza del PEN. Resultaría inconveniente, además, a los fines de supervivencia política de los peronismos provinciales. El otro problema es que el pejotismo tampoco puede prescindir de ella si pretende volver a ser partido de gobierno y no sufrir o retroceder más aún frente al macrismo, una perspectiva para nada descabellada.

Ateniéndonos a los párrafos precedentes, las novedades apuntadas carecen de novedad alguna: son el PJ y Cristina haciendo lo que el PJ y Cristina saben hacer. Pese a que alguien apuntó que Macri consiguió dividir el campo político desde su figura (o en la típica modalidad gobierno vs. oposición), acá creemos que el macrismo no puede difuminar a lo que ¿fue/es? el FpV en el collage del campo opositor sin su propio concurso. Es decir: el peronismo conserva su propia dinámica interna dentro de la oposición. No por nada Massa y Cristina, desde vertientes opuestas, ponen el ojo en la estructura y buscan negociar desde posiciones con poder de daño. De todos modos, el enchastre judicial del Partido demuestra la miopía estratégica que supieron perpetrar. Quizás estuvieran demasiado seguros del triunfo, no lo sabemos, pero es un error en el que no pueden reincidir: no cualquier indio que llegue, de cualquier modo, puede ganarle a Macri sólo porque Mauricio no está dejando cagada por cometer.

Para cerrar el panorama, señalamos que 2017 sólo podría ser definitivo para el macrismo: en caso de triunfo, se blinda de cara a 2019. Para el peronismo, para Cristina, para Scioli, Urtubey o Capitanich (acá descontamos a Massa: seguirá jugando para Macri como en 2015), 2017 es sólo una estación de paso con vistas a 2019. Solo entonces podrá resolverse la cuestión que tensiona en sobrevuelo al espacio: la del liderazgo vacante.