martes, 24 de febrero de 2015

Reutemann con Macri y Massa con Mirtha

Sí, el título es chicana, ¿por qué no?, pero a nadie debería sorprender la pura lógica instrumental con la que algunos partidos se disputan dentro del campo opositor. Ya en la Paco Urondo sostuvimos que Massa va allá adonde hay más voto peronista y Macri adonde puede captar voto radical. Histórica y geográficamente, casi. Massa en Jujuy, Tucumán; Macri en Córdoba, Mendoza, Santa Fe.

De los radicales y el radicalismo hablaremos en otra.

Macri, como es sabido, intentó al inicio de su carrera política convertirse en referencia para que el peronismo fuera luego a buscarlo. Pero se quedó en cambio con el voto radical de la Ciudad de Buenos Aires, distrito que los boinas blancas contabilizaban como propio como prueba la autonomía peleada y conseguida por la UCR en la Convención Constituyente de 1994 y el doble periodo de De la Rúa al frente de la ya no intendencia capitalina. Fracasado, Macri, en su intento primero, se instala ahora como la vía no peronista pura, aunque ¿cómo explicamos al Lole? Ya volveremos sobre eso, aunque Ritondo o Santilli en la CABA se reivindiquen como peronistas PRO.

Massa, con Mirtha recientemente, evidenció que el creciemiento de Macri es a sus expensas y lo pone nervioso: tildó de neoliberal y corrupto al JdG de la CABA. Justo él que pedía sacar la pata del Estado de la cabeza a los productores rurales o que pregona realineamientos internacionales con centro en los EE.UU. y ya no Latinoamérica. Es que el plan de Massa era convertirse en el líder de la zona núcleo o centro, la pampa húmeda que se alzó durante la disputa por la resolución 125 que zanjó Cobos. No pudo ser, no pudo conseguir garrochas de origen peronista y ahora intenta vender que quiere darle una manito al radicalismo para el retorno del bipartidismo. Aún así, sólo pudo arreglar con los radicales del NOA. Como dijimos, porque Morales y Cano calculan –mal– que Massa puede acercarles voto peronista en sus distritos. Claro, en buena medida, tienen ya el voto del que ve en Macri a la esperanza blanca de la Argentina no peronista.

También es probable que buena parte del radicalismo, el seguidor de los lineamientos del establishment, termine fungiendo como soporte estructural de la candidatura de Macri más allá de la CABA. Veremos.

Ahora sí, Reutemann. Estaba con Massa y ahora suena como posible vice de Macri. La razón tiene poco que ver con el peronismo santafesino. O, en realidad, tiene que ver con que el Lole ya no puede terciar por una banca como candidato del peronismo santafesino para el Senado. El PJ-Sta Fe no pudo confluir en la candidatura de Ma. Eugenia Bielsa y ahora espera a Perotti, aspirando al tercer lugar en la provincia. La disputa es entonces entre el socialismo+radicalismo y el PRO con Del Sel. Massa no tenía nada para tentar al ex gobernador santafesino. Pura lógica instrumental, decíamos antes: el PRO puede aportarle a Reutemann el canal para llegar al Senado y, en palabras de Rubén Weinsteiner, los “fueros para no ir preso por las causas d l inundación”. Puede, en contrapartida, aportarle votos al ¿ex? Midachi para quedarse con la gobernación y consecuentemente a Macri como Presidente, pero más importante que eso para las aspiraciones del líder del PRO: como en un gol de visitante que vale doble, le arrebata a Massa lo único con lo que podía ilusionarse en Santa Fe.

jueves, 19 de febrero de 2015

Golpes duros y golpes blandos

Una de las ventajas que otorga el disfrutar de una democracia en buen grado decantada es que sectores minoritarios pueden agredirla sin causar por ello un perjuicio irremediable. Lo que en otros tiempos podría haber generado un sismo político con implicaciones institucionales hoy se enmarca en una disputa que no es –como antes– orientada de modo únivoco hacia la censura que genera aplicar los términos de la moral sino, en cambio, es entendida como síntoma de las tensiones derivadas del ejercicio del poder que los distintos sectores políticos, económicos, mediáticos y hasta fuerzas extranjeras detentan. No nos referimos, por supuesto, a la marcha convocada por fiscales del PPJJ y medios de comunicación opositores sino al Caso Nisman en general: una acusación (sin evidencia para soportala) contra la Presidenta de un país realizada por un fiscal que luego aparece muerto (y que se presume asesinado aunque las evidencias apunten todas hacia el suicidio).

En el relato del oficialismo, se trata de un golpe blando al modo de las revoluciones de colores o de la así llamada primavera árabe, y se relativiza en consecuencia la marcha de ayer. Vale decir que no son “el pueblo” o “la gente”, como gustan de autotitularse, ni tampoco expresan algo siquiera cercano a una mayoría, pero sí a un sector particularmente influyente de la sociedad que ya había mostrado signos de divorcio allá por 2007 (legitimidad segmentada a la Carrió) y que en 2011, en parte, refrendó al FpV por una conjunción de factores emocionales y económicos. Como sostuvimos, no fue tanto la acusación como la muerte de Nisman la que habilitó la re-emergencia de esa corriente que se había expresado a favor de las patronales del agro y luego en sucesivos cacerolazos impulsados por el cepo al dólar y medidas de tipo proteccionistas. Claro, desde la vereda de enfrente el relato tiene aún menos asideros lógicos: dictadura, asesinato, simulación. Hay mayores dosis de hipocresía, también: el oficialismo tiene menos empacho en señalar –saludablemente, debemos agregar– que se trata de una disputa de poder; desde el campo opositor utilizan la muerte del fiscal para golpear en nombre de las instituciones, de la República o aún de la libertad. Si en un tiempo fue el kirchnerismo el que quería llevarnos al paraíso a patadas en el culo, los sectores opositores pretenden usufructuar Hollywood para erigirse en norteamericanos llevando “democracia” y “libertad” a Medio Oriente.

¿Se tratan de las dos veredas que limitan la grieta? Antes minorías intensas peleando por el sentido, ganando las calles o las redes sociales. Aquí creemos que los amplios sectores sociales que no adversan con ninguno de los dos campos deben ser ganados racional y no sólo emocionalmente –si no se consiguió adherencia con el saturómetro de emocionalidad marcando niveles inusitados, y…–. A pocos meses de las elecciones nacionales y provinciales, el escaso clima de entusiasmo fuera de los núcleos duros podría certificar la anterior afirmación.

El caso Nisman, el #18F y el Poder Judicial implican desafíos para oficialismo y oposición. El primero no debe sólo mantener la amalgama de sus adherentes –tal parece su pretensión– sino ampliar su base electoral; porque puede ganar en segunda vuelta pero sería harto difícil. Cuenta con el activo de los ejecutivos en casi todos los niveles, que está en el centro de la pelea y que pretende seguir gobernando hasta el último día (las urnas aborrecen el vacío de poder). La oposición política, en cambio, se desdibuja hasta el punto de otorgarle importancia a la próxima convención de la UCR nacional. Si el cese de los cacerolazos después de 2013 y en 2014 se atribuía a la representación conseguida por los distintos fragmentos que confrontan con el kirchnerismo, Massa, Macri y los radicalismos deben replantear sus estrategias: la marcha puede ser capitalizada por la oposición de algún modo nebuloso pero no por algún nombre propio. Dicho de otro modo: la representación del oficialismo no está en duda, pero la de la oposición no es patrimonio de quienes imprimirán sus nombres en las boletas. El teorema de Baglini se verifica a medias entonces: son Carrió o Bullrich quienes se inmolan frente a las cámaras, pero a Macri o Massa no parece importarles la posibilidad de heredar un gobierno herido de credibilidad o que ha sido manoseado por la prensa frente a la opinión pública de Occidente.

La respuesta del oficialismo frente al caso ha sido pobre desde el comienzo, con las dos cartas de CFK en Facebook o sus primeros discursos públicos. Golpe blando, advierte ahora 678, pero la respuesta invariable –y pertinente– es para qué querrían voltear a un gobierno en sus últimos meses. Ya no está entre nosotros Raúl Alfonsín para responder a esa pregunta, pero sí Carlos Menem. Sabemos que la aversión del establishment con el kirchnerismo nace y se multiplica con su incumbencia en materia económica y la disputa de poder que ello involucra, en todas direcciones, adentro y afuera del Estado –y recomiendo esto de Sol Prieto para entender el accionar del Poder Judicial en estos últimos tiempos–. Entonces, para responder a la pregunta, el caso Nisman y sus derivaciones deben entenderse también como un modo de desacreditar al kirchnerismo en tanto portador del virus del intervencionismo y condicionar, así, al próximo gobierno, cualquiera fuera este. Pero más aún si pretendiera contener dosis importantes de kirchnerismo en su seno. Si retrocedemos en el tiempo, el reemplazo de Menem por De la Rúa en 1999 no implicaba un cambio de orientación económica, pero Menem sí debió entregar el manejo de la economía al establishment cuando asumió anticipadamente en 1989. Que el kirchnerismo tuviera siempre como una de sus preocupaciones principales desactivar los mecanismos que permiten asestar golpes económicos ha resultado, sin dudas, un golpe duro a los golpes blandos.

lunes, 2 de febrero de 2015

#JeSuisElQueDisputaLaAgenda: Macri y Carrió

Mauricio y Lilita denunc... digo, anunciaron, que competirán en internas abiertas y pusieron a bailar en declaraciones disonantes a los despoj..., a lo que queda de FAUnen y también al massismo. Que logren tanto con tan poCON NADA, es un síntoma de los nervios con los que convive la oposición toda que, vale decirlo, pensaba que ingresaría a este año electoral con el objetivo sólo de ver quién sería el favorecido que se calzaría la banda y tomaría el bastón en diciembre.

Hemos hablado largo y tendido en el blog sobre la conveniencia, para el radicalismo, de trocar al PS y a Binner por el PRO y Macri. En un primer momento —debemos confesar—, defensivamente, pensando que serviría para detener el avance de Massa sobre el sector republicano. Ese movimiento no se verificó, y tanto el tigrense como el porteño se disputan jirones del bipartidismo para ganancia de los radicalismos provinciales, sin que ello implique un incremento de sus perspectivas nacionales. Antes bien, transparenta que el PRO y el FR no cuentan con nada por fuera de sus distritos, no tienen tiempo para construir y venden esa renuncia como la saludable y republicana búsqueda de acuerdos o retornos de bipartidismos idos.

#JeNeSuisPasPèronist iba a ser el título del posteo, porque Macri y Lilita buscan eso: conformar un polo netamente antiperonista. Anotemos también a Sanz en esa, y va en dirección de lo que los radicalismos distritales buscan para desplazar a los gobernadores peronistas. Las legislativas2013 actuaron a modo de advertencia.
Pero decidimos que el objetivo del tándem republicano es antes recuperar espacio en la agenda que sentar las bases de una alianza electoral (@JuanesOsaba se hace preguntas muy pertinentes al respecto). Y ese será, en gran parte, el desafío de este año para los candidatos: ocupar espacio en la agenda. Massa lo intentó al incorporarse Francisco De Narváez, pero fue poco lo que el amperímetro se movió. Parece apresurado pensar en que el objetivo de Macri y Carrió sea atraer interés hacia las PASO del PRO tal y como planifica hacer el PJ-FpV. Y es apresurado: Carrió haría un papel menos decoroso que Moreau en 2003 de presentarse para las generales de octubre.

Ah, la agenda. Billete contante y sonante de este año electoral. Es el oficialismo quien tiene posibilidades de imponerla con mayor efectividad. Beneficios de manejar resortes institucionales. Pero no será Cristina la candidata, por lo que dicho monopolio puede jugar a favor o en contra de los candidatos del oficialismo. Este último fue el caso de las elecciones de medio término, cuando se asignaron esfuerzos a imponer mediáticamente la posibilidad de una re-reelección imposible, factor aprovechado por Massa junto a una ola de descontento que se explicaba en factores económicos, de capital político mal direccionado y una deconstrucción política consciente del armado del FpV anterior al 54%. Sí, también Clarín y Lanata, pero no serán tanto ellos o la patria mediática cartelizada los que contarán con mayor poder de daño (y difícilmente puedan generar algo mayor al Nismangate), sino el oficialismo en el manejo de la economía y el modo en que aplique su incidencia al interior del dispositivo PJ-FpV.

Por sus posiciones al frente de ejecutivos, serán el PJ-FpV y el PRO quienes podrán apelar a la gestión. Lo de Massa pasará por iniciativas contrapuestas a las del oficialismo en cada tema puntual y el radicalismo naufragará nacionalmente para hacer pie en las provincias. Desde aquí, de todos modos, creemos que lo que queda de FAUnen presentará una fórmula nacional (¿Cobos-Binner?) que morderá votos que, de otro modo, se repartirían entre Macri y Massa. Y nos gusta.

martes, 27 de enero de 2015

#JeSuisStiusso

Somos actores y queremos actuar, clamaban mucho tiempo atrás nuestras estrellas televisivas. Somos periodistas y queremos preguntar, lloraban en lo de Lanata nuestros Bernstein y Woodward de cabotaje. Pronto cortarán la Panamericana nuestros Pepes Sánchez in the real life al son de Somos agentes de inteligencia y queremos agentedeinteligentear.

Decíamos la semana pasada que lo que ocurre es grave. No sólo por la muerte de Nisman sino porque —quedó cada vez más claro— involucra a los servicios de inteligencia, actuando al margen de la ley, de algunos consensos democráticos y también como herramienta de una política exterior que nos excede y comprende a EE.UU., Israel, Medio Oriente y varios gobiernos democráticos argentinos. Si estuvieron siguiendo a Santiago O'Donnell, sabrán que la pista iraní constituyó desde su inicio una política de Estado que incluyó a partidos políticos, periodismo y organizaciones de la colectividad judía; pacto implícito que se quebró al firmarse el memorándum de entendimiento con Irán que, válido es decir, fue propuesto como guinche que arrastrara la causa fuera del pantano en el que siempre se encontró. ¿Quebró el oficialismo ese pacto o éste fue abandonado por las fuerzas opositoras para ser utilizado en cambio como ariete en la lucha de facciones políticas? Nada está muy claro en ese sentido, cuando por ejemplo Obama busca acercarse a Teherán aún a pesar de contar con detractores en la política y los medios norteamericanos, a los que amenazó al respecto en su reciente discurso de State of the Union.

En nuestra política interna, al conocerse la muerte de Nisman, quien picó en punta para atacar al gobierno nacional fue Mauricio Macri. Luego se llamó a silencio para no avivar el fuego que podría chamuscarlo en nombre de su Fino Palacios, recomendado por la CIA, el Mossad e involucrado en la causa AMIA como encubridor. Luego el radicalismo, con la disputa en los territorios provinciales y contra el peronismo en mente (además porque durante el gobierno de la Alianza se modificó la ley de inteligencia, como detallara Martín Rodríguez). El Frente Renovador, en cambio, se sacó los zapatos y caminó en medias para no hacer ruido. Sólo la acostumbrada pantomima de sobreactuar representación en su pretensión de constituirse en querellante. El pasado de Massa en el kirchnerismo y como Jefe de Gabinete lo inhibe para un enfrentamiento más abierto.

A nivel social, mi impresión es que se trata de un tema más bien metropolitano, percibido como lejano por quien no cuenta con una adscripción política que lo haga parte de algún núcleo duro. Esto teniendo en cuenta el fogoneo mediático y más aún cuando se vislumbró que la denuncia contra Cristina y Timerman se caía a pedazos por ridícula (fuentes desopilantes y sospechas sin pruebas; le faltó sexo para constituir una trama de best seller). El martes pasado sostuvimos que habilitaba la emergencia de esa corriente emocional de odio contra el gobierno, expresada antes en sucesivos cacerolazos. Se derraman dosis importantes de voluntarismo de uno y otro lado: la muerte de Nisman no podría voltear al gobierno ni tampoco hay que mirar hacia Tacuarí y Magnetto cada vez que alguna situación jaquea al oficialismo. No puede soslayarse, de todos modos, el nivel de patetismo alcanzado por algunos periodistas del multimedios, así como también la pobre respuesta del gobierno la semana pasada, alarmante desde lo comunicacional, la inteligencia y el aplomo necesarios para afrontar la situación.

Otro sí: la judicialización de la política sirve para pegar, para la guerra de guerrilla, para mantener avispados a los núcleos duros, pero no para crear volumen político. Esto era algo que aún la Alianza UCR-Frepaso sabía y nuestra decepcionante oposición desconoce. Por suerte, quizás.

Respecto al anuncio realizado por Cristina ayer (hay que “suicidar" al encargado de la puesta en escena, eh, anoten), pueden leer un pormenorizado resumen del proyecto para reformar la ex SIDE acá. Nuestra evaluación es más bien simple: es absolutamente necesario, fue pospuesto demasiado tiempo pero ese no es argumento para oponerse y, en realidad, nadie con un poquito de buena leche (o chances de acceder al poder) puede sino estar de acuerdo. Si necesitan pruebas, sólo basta ver quiénes llevaron la voz cantante en este entuerto: marginales como Bullrich, delirantes como Carrió, la izquierda con Altamira (!) o segundas y terceras líneas sin juego propio. Sólo Cobos se permitió mostrarse frontalmente en contra y por los motivos detallados en el tercer párrafo.

martes, 20 de enero de 2015

#JeSuisNismanCharlieEToutLeMonde

En estas últimas semanas se instauró con fuerza de moda ser alguien más, Charlie Hebdo, Nisman, o identificarse desde la negación a la caracterización de esos personajes. Habíamos advertido aquí que no coincidimos con que deba ser el eje de ningún debate, porque —al fin y al cabo— se trata de una disputa semiótica donde cada bando intenta dotar de un significado distinto al disparador del parteaguas y no tiende ningún principio de resolución. Así, Charlie Hebdo sería la corporización de la libertad de expresión occidental frente al ataque fundamentalista musulmán y Nisman, el fallecido fiscal de la causa AMIA, un corajudo héroe, reconvertido por la muerte en mártir, que luchó por la Justicia, se enfrentó a la tiranía del kirchnerismo y, a causa de ello, apareció muerto en su departamento.

No vamos a transcribir aquí los detalles de cada caso. El que haya arribado a este texto los conoce o debe volver inmediatamente a postear estados bajo emoción violenta en Facebook. En definitiva, la visión que ahora tengamos de Nisman o Charlie Hebdo, de sus orígenes y derivaciones, termina por ser una cuestión de Fe. Cuando las circunstancias y contextos son desconocidas o decidimos, directamente, descartar algunos datos y tomar sólo aquellos que verifiquen nuestros prejuicios o intereses estamos frente a una conducta perfectamente humana... que debe necesariamente ser superada por el juicio que las instituciones que a tal fin hemos creado puedan desarrollar.

Qué difícil la mesura cuando nuestro sistema límbico toma por asalto al neocórtex y lo somete como rehén. Una abogada amiga sostuvo que para ella sería muy difícil trabajar como fiscal en una causa como la de Nisman, soportando presiones o amenazas, imposible si uno tiene hijos... para inmediatamente sostener que le volaría la tapa de los sesos a Cristina aunque eso destruyera a su familia. De allí los TT mundiales #CFKasesina o #TodosSomosNisman. ¿Usted quiere ser el Nisman que describen Santiago O'Donnell y los cables de la Embajada norteamericana o prefiere ser el que imagina suicidado por alguna oscura maniobra del poder político? ¿No quiere ser Charlie Hebdo o prefiere evitar pensar en el colonialismo occidental que comercia sangre por petroleo y lleva en cambio la libertad cargada en la punta del fusil? Tiempos extraños, difíciles y fascinantes nos han tocado. El mundo ya no es tan simple como antaño, cuando contamos cada vez con más información a nuestra disposición.

¿Qué podemos esperar del caso Nisman? Lo que ya desde ayer temprano pudimos observar: el intento por convertir la cuestión en el clivaje que determine el resultado electoral de este año. En Facebook dicen que estás con los asesinos o con los que quieren que se enjuicie a Cristina. En Twitter dicen que el kirchnerismo comenzó negando la inflación y termina negando un asesinato o, la contraparte, que a Nisman lo mandó a suicidar Magnetto para voltear a CFK. En los medios masivos, aquellos enrolados en la oposición (TN, radio Mitre) no dicen —pero dan a entender— que fue Cristina quien apretó el gatillo. Los medios oficialistas, por su parte, destacan datos duros (la no intervención de terceros en la escena, que determina con mayor probabilidad que se tratara de un suicidio) y leen la operación que el fiscal intentaba liderar contra el gobierno. Hay que decirlo, también: la acusación de Nisman no parecía sostenerse y la reacción del oficialismo parecía la adecuada para dar por tierra con ella. Pero más allá de toda esta batalla por el significado, las implicancias de la muerte de Nisman son graves. Jorge Asís tuiteaba que el gobierno debió cuidar al fiscal como si de cristal se tratara. Qué difícil. Sí podemos extraer un par de conclusiones: la primera es que aquellas corrientes que animaron los cacerolazos continúan allí, aunque se mantuvieran larvadas, subterráneas. Sin la fuerza de cuando el cepo al dólar, tristemente o no tanto. Demanda ahora, nebulosamentr, Justicia. Una demanda clasista, claro, porque luchar por una Justicia mejor sólo sería posible si hiciéramos de ésta algo distinto que el arma que sostiene en término último el status quo, encarcelando al pobre y palmeando en la espalda al que cuenta con colchón financiero. No, se trata de manifestarse en contra de este gobierno y poco más. La segunda es que el hecho da inicio, temprano, en enero ya, a un año electoral que será muy caliente. No sólo se pone en juego la Caja del Estado, sino que es el Poder mismo el que flota en el aire, y aquellos postergados en el área decisoria durante estos años no van sino a pujar por el retorno de la democracia de la derrota. Como tercera conclusión, en relación al caso específico, algo que me enseñaron en semiología: si escuchamos ruidos de cascos galopando, debemos pensar antes en caballos que en cebras. Pero casi todos parecen estar pensando en unicornios.

lunes, 12 de enero de 2015

#JeSuisDanielOsvaldo o #JeNeSuisPasScioli ¿Contextualizamos?

Scioli en un encuentro de Clarín y ahora con Mirtha Legrand... ¿se quiere quedar cojo, el manco? ¿Quiere cazar fuera del zoológico? ¿Nos quiere matar del disgusto a nosotros, los cripto rabollinistas culposos de izquierda (!)? Convengamos dos cosas: la primera, es una minoría politizada, intensa, la que critica estos dos movimientos nada inocentes de DOS. La segunda es la que intentará dar sustancia al post: así como hay quienes piensan que ahondar en el contexto de la masacre en Charlie Hebdo es justificar el terrorismo, hay en el oficialismo quienes piensan que hacer algo distinto a censurar la precandidatura de Scioli es entregarle el país a la Derecha.

Agreguemos el “pero" de la discordia. Contextualicemos a DOS escribiendo algo que ya sostuvimos antes pero quizás no tan descarnadamente: Scioli es hoy el candidato con más chances del PJ-FpV (también) porque el kirchnerismo se negó a construir un candidato propio. Y ojo con levantar la mano para decir Randazzo porque Florencio es tan peronista mazorquero (PJ PBA) como el que más, y sólo frente a la amenaza naranja puede ser considerado una forma de continuidad livianamente pura. Otro sí, la advertencia que en reiteradas ocasiones hiciera Abel Fernández: si todos hablan de Scioli, el que gana es DOS.

¿Qué ocurrió para que Scioli fuera el representante del FpV en el pelotón de presidenciables con chances? Bueno, su historia afuera y adentro del espacio, su persistencia y su tradicional perfil moderado y conciliador que conecta con cierto clima social (hablamos del business del país en penumbras). Pero además lo esperable: ningún partido pudo antes encadenar una sucesión presidencial excepto el radicalismo con Yrigoyen-Alvear (¡oh, el alvearismo!) y el PJ-FpV con Néstor-Cristina. Algunos rasgos propios del kirchnerismo potenciaron esta dinámica: la desconfianza natural en cualquiera fuera del círculo íntimo, La Cámpora enarbolando la bandera de la ortodoxia K, en un sentido casi religioso las más de las veces, la capitalización política tributada enteramente a CFK, Cristina negándose consistentemente a cimentar la construcción de una Dilma y el error fundamental (porque muchos terminaron creyéndolo): todos los votos todos, cada uno de los que componen el piso del 33%, son de CFK.

Massa es también un emergente del modo de construcción política del kirchnerismo, mal que nos pese. Es, además, el Scioli que buena parte del establishment pretendió: uno que quebrara con el kirchnerismo y tuviera, así, menos ataduras que la que jugar adentro, apelar a los votantes K, implica en el universo simbólico que condiciona luego lo concreto.

La búsqueda de una interna competitiva, que resulte la incógnita excluyente de las PASO, es por ahora una estrategia que parece tender al éxito. No será así, luego, si quien emerja ganador no aglutina en octubre el grueso de los votos del espacio en las primarias. El peronismo comprende esto cabalmente y no tendrá problemas para encolumnarse detrás del triunfador. No son pocos los indicios emitidos en ese sentido por el PJ-RA y el PJ-PBA también. ¿Qué pueden esperar entonces de Scioli los que JeSuis y los que JeNeSuisPas? Lo de siempre, su tradicional báscula entre gestos de lealtad (continuidad) e independencia (ruptura). En 2013, en un contexto peor que el actual, constituyó la alquimia que se reveló pagadora. Por si fuera poco, aún Randazzo, Urribarri o Aníbal Fernández, de resultar ganadores en la interna, deberían necesariamente realizar gestos que implicaran ruptura/independencia luego. ¿Entonces, General? ¿Los hay más o menos puros pero alvearistas son todos? Es bastante simple contextualizar: no es posible prometer futuro sólo apelando a la continuidad del pasado y presente.

sábado, 10 de enero de 2015

Ser o no ser Charlie Hebdo, esa *no* es la cuestión

Repudiar sin peros o contextualizar el atentado dividen las aguas del opinionismo nacional e internacional. Yo soy Charlie Hebdo o no soy Charlie Hebdo. Malditos fanáticos islámicos o Francia en Argelia, Estados Unidos y Al Quaeda, petróleo y sangre medioriental, etc. Cualquier posibilidad de comprensión se va al carajo así. Ahora, qué difícil repudiar sin la posibilidad de habilitar un debate que tienda hacia la comprensión del fenómeno, cuando todo repudio nace de comprensiones pasadas. Quizás si girase en torno a la secularización de las sociedades podría ser de mayor provecho. Pero ese debate se encuentra saldado ya, excepto para los radicalismos de cualquier índole.

¿Y Francia? Salió de cacería y abatió a quienes, presumen, serían los autores materiales. ¿Cuáles podrían ser las proyecciones políticas? Volveremos sobre ellas.

Rápidamente, luego del atentado, la prensa mundial sentenció: se trató de un ataque a la libertad de expresión. No de prensa, por suerte, porque no “bajaron” a un medio de comunicación sino que asesinaron a los periodistas/humoristas que en él se desempeñaban. Si así fuera, se entendería que el periodismo se sintiera un poco Charlie Hebdo. Pero no todos lo son y menos aún si buscan circunscribir el asunto a un debate simplista: “me matan por opinar distinto”. O la culpa es del Islamismo, como señalan en Revista Paco, clausurando cualquier complejidad o el reconocimiento del quilombo cultural y religioso que se inscrusta en la vieja Europa, constituída también por ciudadanos, hijos de inmigrantes cuya historia de vida fue atravesada por el sometimiento a una nación que ahora cobija a su descendencia.

Como bien apuntaron muchos, un atentado terrorista tiene por principal objetivo lo que su nombre indica: sembrar terror. Y conseguir difusión para una causa, la que fuera. Vaya si la consiguieron. ¿Es la libertad de expresión o la publicidad, entonces?

Ahorremos teorías conspirativas, nain ileven y la mar en coche: cuando atacaron el World Trade Center no buscaban destruir las finanzas internacionales ni Pearl Harbour significó algo más que una mojada de oreja al territorio continental norteamericano. Claro, fueron luego excusas perfectas para Hiroshima y el retorno a ocupar Medio Oriente. Pero idiotas útiles hay en todas las familias. Los encargados de pedir helado, por ejemplo. Pero, ¿por qué decimos que ser o no ser Charlie Hebdo no es la cuestión? Porque ninguna de ambas posturas apunta hacia una posible solución. La primera porque al negar complejidades, matrices de la historia, sólo puede dirigirse a destruir al Otro. Si el Islam es el malo, ¿cuál es la única solución posible? Hay mucho de inhibir cualquier debate que ponga en entredicho los valores occidentales y cristianos allí, qué decir del accionar occidental entonces. Los segundos, en cambio, los que se sumerjen en las complejidades o niegan ser Charlie Hebdo porque implica negarlas, corren el riesgo de agotarse en el trajín del laberinto de lo inmodificable. Y servir mientras tanto a los propósitos de quienes quieran plantear soluciones inmediatas.

Francia es atravesada desde hace mucho por un discurso xenófobo que elección a elección fue ganando adhesión. Marine Le Pen consiguió aggiornar y moderar a su partido con el objetivo de convertirlo en una real opción de poder. Este atentado seguramente le granjeará mayores simpatías y abrirá el campo político para estas expresiones. Dicha apertura, claro, implicará la posibilidad de su disputa, y puede ser la excusa perfecta, también, para que el resto de los partidos políticos franceses incorporen ese rasgo xenófobo que late en algunos sectores de la sociedad y que, en aras del triunfo de la civilización y el iluminismo y la Republiqué, ha sido negado consistentemente.