domingo, 2 de abril de 2017

#1A

Bajen las cacerolas para que los de atrás puedan ver.

Si el común denominador de la manifestación pro oficialista fue el canto “No vuelven más" (sobre la melodía de la marcha peronista), se confirma que antes que un apoyo a Macri se trató de una nueva manifestación antiperonista. Una prologación de aquellos cacerolazos contra Cristina. Pobre Emilio Monzó.

Delirante en su convocatoria “en defensa de la Democracia", cuando ésta no se encuentra en riesgo; entienden los macristas silvestres, de todos modos —y de ahí el relato “golpista" al que apela el oficialismo—, que la gobernabilidad de Macri en estos casi 16 meses fue una concesión del peronismo. Ya fuera por convicciones liberales (los massistas y peronistas más macristas), por miedo a carpetazos (muchos otros, cuando no debido a amenazas directas de destino judicial) o porque entendieron que golpear a un gobierno débil en lo institucional, pero que además socava su propia legitimidad de ejercicio, no era negocio para nadie.

¿Le alcanza a Macri conservar, mimar, apelar al antiperonismo, exigirle el sacrificio de salir a la calle? Sí, le da oxígeno luego de las multitudinarias manifestaciones en contra. ¿Puede modificar con esto sus expectativas electorales? No. O es muy difícil. Aún así, Macri aprovechó para emplear a fondo la retroexcavadora con la que agiganta la grieta: “sin choripanes", felicitó a los manifestantes, cuando no había saludado a las anteriores marchas, opositoras; se apropió así una vez más del antiperonismo que lo justifica, que lo constituyó, sólo que ahora con la responsabilidad de ser el presidente de todos y no sólo de los que se creen más argentinos que el resto de los argentinos (perdón, Orwell).

Volviendo a los manifestantes (70 mil según Mariano Obarrio, 25 mil según otros), resulta preocupante que cambien los siglos, pasen las décadas y aún así haya quienes pretendan que el peronismo no forme parte del sistema político. La caracterización de la convocatoria (por la Democracia) y los mensajes psiquiátricos de algunos carteles traducen esa bronca que nace de comprender que no sólo forma parte sino que, en ocasiones, es casi el sistema político todo.

En la guerra de relatos, puede servirle al macrismo el estimular ese prejuicio que disocia peronismo y democracia. Desde su responsabilidad histórica es un error; y una continuación, además, en la política de hacerse fuerte desde su debilidad vía extorsión: dame gobernabilidad o sos golpista.

El peronismo puso mucho de su parte para quitarse el mote antidemocrático que le endilgan los sectores que dicen que los mejores días siempre fueron pre-peronistas. Durante los ocho años de Cristina, con Néstor y aún más en estos tiempos macristas, inclusive a costa de desalentar a su propia base electoral. El resto de ese camino deberá ser aportado por Macri y los suyos, tal y como apuntaron sus editorialistas militantes: debe completar su mandato, por primera vez desde 1928, un gobierno no peronista. Entregando recesión y ajuste, por ahora no parecen estar a la altura de lo que les demanda la Historia... si no es con el concurso del peronismo que aborrecen. Háganse cargo, macristas.

lunes, 27 de marzo de 2017

Que este blog y Kicillof digan si son kirchneristas

Escribimos poco y lo que sigue no es precisamente un análisis sino, aunque odiemos las compilaciones, un grandes éxitos (?) del blog. Sepan disculpar, como deberán también disculpar a Kiss&Love. ¿Qué dijo Axel ayer nomás?:

«El exministro de Economía y actual diputado nacional Axel Kicillof sostuvo hoy que una candidatura de la exmandataria Cristina Kirchner le es "muy funcional" al Gobierno, y consideró que la elección de medio término debe ser para "plebiscitar" la gestión del presidente Mauricio Macri y no la de la líder del Frente para la Victoria.

"Al Gobierno le resulta muy funcional que esta elección se discuta en términos de si gana Cristina o pierde Cristina. ¿Este es un plebiscito a Cristina Kirchner en 2017? Si Cristina terminó de gobernar con un millón o medio millón en la plaza y se fue...Estamos plebiscitando a Macri", recalcó el dirigente kirchnerista, dando a entender que no es conveniente exponer a su jefa política ya que podría tergiversarse el sentido de esta elección de medio término, que tiene que ver con evaluar el desempeño del Gobierno de Cambiemos...».

¡Que Axel diga si es kirchnerista! ¡Que muestre el “no fue magia" tatuado en el pecho! Porque, bueno, a este bloguero lo acusan con epítetos peores por decir cosas como ésta, de diciembre del año pasado:

«...Uno de los grandes interrogantes es hoy Cristina: ¿va o no va? Tiene votos, tiene piso y tiene techo. Tiene, además, un sabor dulce para el macrismo. Desglosemos: 1) el macrismo está tensando la situación elástica que dejó el kirchnerismo en la macro pero también en la microeconomía; el deterioro es evidente. Aún así, las demografías electorales pueden no obedecer únicamente a este factor, y si bien esto aleja a muchos del 51% nacional del balotaje (o aún de los resultados de octubre en PBA: 39,5% a 35,2% para Vidal vs. Aníbal F. y 32,9% a 37,1% para Macri vs. Scioli), la situación (a hoy) no es tal que los obligue a refugiarse invariablemente en el kirchnerismo. 2) Descontando el concurso de la prensa oficialista, plebiscitar al macrismo no será el único eje electoral. 3) Buceando en las profundidades de las macrinomics y las macripolitiks, el peronismo realmente existente, antes preocupado por su supervivencia, buscará refugio en sus distritos. En este cálculo, las de 2017 deberían ser elecciones nacionales para Macri y una sumatoria de comicios locales para el peronismo. Ahora sí, finalizado el desglose, podemos decir que Cristina candidata nacionalizaría las legislativas, rememorando el clima de noviembre de 2015. El macrismo, por supuesto, recibirá como maná poder apelar a su reflejo primitivo, aquello que le dio constitución, su eje de campaña desde siempre: el antikirchnerismo; y entonces cada contendiente distrital, sea formoseño o riojano, podrá sustraerse del debate local o de sus insustancialidades constitutivas para discutir con Cristina y el gobierno que terminó en diciembre pasado...».

Gracias, Axel, por tanto. Perdón, Los Huevos y las Ideas, por tan poco. Después, si les apetece (?), pueden darse una vuelta por Twitter y occservar con ánimo arqueológico (?) mi tuit fijado.

martes, 7 de marzo de 2017

Cambiemos: el laberinto del Presente

El macrismo operó durante todo su primer año bajo la consigna de que en su debilidad residía su fuerza; con la extorsión implícita de tener al imaginario del “golpismo" en la punta de la lengua para descalificar cualquier oposición. Esto pudo ser resumido en la expresión “dejen gobernar", aparecida a poco de iniciarse el gobierno, nadie sabe muy bien cómo o desde dónde pero en espejo equivalente al “Macri gato" que comenzó a utilizar, luego, la oposición silvestre en las distintas redes sociales.

El apelativo a la extorsión y debilidad de origen caducaron. Resultó claro el año pasado: la Luna de Miel había terminado aunque sus brasas calientes le otorgaran aún márgenes al macrismo. En cambio, la caída de imagen de febrero, que resulta perezoso atribuir sólo a los escándalos del Correo y Avianca —si bien operaron sobre una de las líneas de flotación de Cambiemos: la supuesta honestidad— cuando sabemos que el impacto de la corrupción para un gobierno es indirectamente proporcional a sus logros en economía; la caída de febrero, decíamos, es la resultante de una aritmética decepcionante: esfuerzos de la clase media y y más de los sectores populares sin resultados palpables, solicitud de mayores sacrificios sociales y ningún horizonte de reactivación que no sean apelaciones al voluntarismo. Todo esto no ocurrió porque la oposición así lo quisiera, sino por mandato de la recesión buscada por el propio oficialismo.

Es a partir del imperio de lo real sobre cualquier relato, sea oficialista u opositor, que la sociedad va a demandar a partir de ahora, y cada vez más, un gobierno que pueda encauzar a la economía pero también al debate político en términos distintos a la mera comparación con el pasado, argumento que ya sólo interpela al núcleo duro macrista que representa, quizás, el porcentaje que recibió el PRO en las PASO 2015: alrededor de un 24%.

El universo simbólico en el que fluía y se sentía cómodo el macrismo cambió. Ya no podrá hacerse fuerte desde la debilidad, desde ser no-peronistas y nóveles: el paro docente y la gran marcha gremial son posibles ahora no sólo por la legitimidad de sus reclamos sino porque existe ya un colchón social de demandas de gestión insatisfechas, y que no pueden además atribuírse a la pesada herencia sin que parezca una ridícula tomadura de pelo.

Párrafo aparte para lo ocurrido en la marcha, con las bases sindicales exigiéndole a la cúpula poner fecha para un paro general: fueron las demandas que el macrismo generó con su política de redistribución regresiva y el triunvirato no reclamó lo que habilitó esa interpelación a la dirigencia y a cielo abierto, en un mensaje que parece decir “más calle y menos palacio, muchachos". El resultado está en el aire pero el triunvirato y otros líderes sectoriales quedaron deslegitimados. Eso sólo puede ser una preocupación para el macrismo, aunque en el corto plazo pueda parecer tácticamente deseable.

Es entonces una buena parte de la sociedad la que exige tener un gobierno y no simples comentaristas de la realidad en posiciones de poder. En definitiva, que el gobierno sea fuerte y capaz de comandar la economía. Y no hay modo de conseguirlo que no implique un triunfo en la provincia de Buenos Aires. Si hasta el año pasado parecía que un empate o derrota digna le alcanzaban al macrismo, este año le demanda ya un triunfo.

Como bien describió Martín Rodríguez, el macrismo descansó durante su primer año apoyado en el relato de un pasado apocalíptico y la promesa de un futuro promiso. Pero tenía además un relato para ese presente, aunque se cuidaran de mencionarlo poco: era el momento de un sacrificio, de “pagar la fiesta", la “resaca del populismo". La sociedad le demanda ahora que abandone las apelaciones al pasado o el futuro y se ocupe del presente, un laberinto que al macrismo le cuesta transitar. Los analistas de todo el arco político lo tienen claro y más aún los macristas, a quienes atormenta una consigna: Cambiemos debe cambiar antes de que la demanda sea por un nuevo cambio.

jueves, 26 de enero de 2017

Populismos y el teorema de Baglini en la globalización

Es tiempo de reconocer que lo endeble de la economía global hace letra muerta del teorema de Baglini, aquel que reza que cuanto más cerca del poder más conservadoras se tornan las posiciones de un político. El pasado 2016 lo demostró: luego de la crisis subprime de 2008, de las golpeadas economías periféricas europeas y el menor crecimiento chino, no solo no hay timidez alguna para pegarle al sistema sino que, además, paga electoralmente. Y es probable que continuemos en la tónica por no pocos años.

Así el Brexit como Trump, manifestaciones ambas del descontento de un gran porcentaje de la población mundial con el estado actual de situación (que son noticia —claro— porque afectan a países desarrollados, al tope de la tabla de PBIs, aquellos donde nacieron las megacorporaciones que impusieron y son las ganadoras de la globalización); así Marine Le Pen en Francia, sentenciando el fin de la Unión Europea como promesa implícita de campaña. Estos casos dan cuenta de cómo las preconcepciones de lo políticamente correcto y hasta lo políticamente posible van siendo puestas no sólo en cuestión sino, directamente, abandonadas por no garantizar lo que un contexto más estable otorgaría en tiempos electorales: mayores chances de triunfo a las posiciones de centro.

El reciente discurso de Theresa May en Davos, explicando todo lo que supuestamente no implica el Brexit para la UE y la economía global, es síntoma de cómo el escenario de inestabilidad política provocado por las políticas económicas de las fuerzas globalizadoras los encuentra todavía sin respuestas superadoras. Y entonces sólo atinan a criticar la emergencia de distintas opciones políticas al grito desgarrado de “¡populismo, horrible populismo!" sin siquiera comprenderlo, como bien apunta MECasullo*. “...The forces of liberalism, free trade and globalisation that have hadand continue to havesuch an overwhelmingly positive impact on our world...", alaba May, cuando son algunas de las razones que explican el Brexit. Luego, sí, critica a las fuerzas políticas que se retroalimentan con sus consecuencias y están también en la base del resultado del referéndum: “...across Europe parties of the Far Left and the Far Right are seeking to exploit this opportunity, gathering support by feeding off an underlying and keenly felt sense among some peopleoften those on modest to low incomes living in relatively rich countries around the westthat these forces are not working for them...". Si no fuera por miopía o un raro fatalismo para tratarse de política, el discurso todo sería digno del mejor Groucho Marx.

Tenemos también cerca el caso de España, remedando a Bélgica en sus intentos por formar gobierno tras una y otra elección, con la emergencia de Podemos y Ciudadanos a uno y otro lado del arco político, tal cual describe en disconformidad Theresa May.

En Latinoamérica, lo anterior más la caída de las commodities explicó la ventana por la que arrojaron a Dilma y el PT, con la novedad de que enviaron necesariamente al drenaje a Odebretch, un privado y más que grande, algo impensable hace poco tiempo. Complicando además la política en otros países de la región, vistas las ramificaciones subcontinentales de los negocios de la constructora brasileña. En nuestro país explica, en parte, que votáramos un #cambio para volver a las recetas fracasadas de aperturismo comercial y economía financiera, justo cuando el admirado “mundo" se complica a consecuencia de todo lo anteriormente enumerado. Resulta gracioso, además, que el macrismo esté traicionando algunas de sus promesas electorales apelando a la racionalidad del ejercicio del poder.

Entonces, como si lo descripto no fuera suficiente, tenemos a China —¡a China!— liderando la resistencia por la economía global que hasta acá nos condujo, mientras Trump intenta redifinir el rol global de EE.UU. con una mirada hacia adentro, como una búsqueda de entropía dentro de un sistema que muestra signos preocupantes. Así, el descontento social por lo económico —y no tanto por lo injusto de la distribución de poder o riqueza sino antes por sus consecuencias, algo que no debe confundir a las elites políticas si quieren comprender el fenómeno— habilita posiciones que prometen saltos hacia lo desconocido con una liviandad que a veces asusta al más plantado. Quizás sea momento de reformular el teorema de Baglini, y decir entonces que en el actual contexto, el político sólo se torna conservador en sus propuestas... luego de acceder al poder.

* Habíamos apuntado que no sólo Trump hizo populismo, sino también Hillary Clinton, sólo que tarde y de manera poco efectiva. Además, que el término “populismo" no es de modo alguno el antónimo de “globalización".

sábado, 10 de diciembre de 2016

Un año de Macri

El gobierno de Mauricio cumplió un añito y quiere invitarte a su fiesti... Ah, no hacen fiesta. Mala mía, disculpen. Veamos entonces qué hicieron, pero no a modo de recuento.

A un año, podemos identificar varias características del macrismo. Una de ellas es que, rápidamente, lo gana la ansiedad y apresura decisiones; quizás para conjurar el Fantasma De la Rúa. Se apuró al bajar retenciones, salir del cepo, arreglar con Griesa pero, sobre todo, cuando decidió entregar el comando de la agenda a Comodoro Py para descansar en un año no electoral sobre la persecución judicial a Cristina y luego Scioli. ¿Cuánto más hubiera pagado el impacto de CFK en tribunales en abril del año que viene? Ahora se apresura al intentar enviar a Massa hacia el campo opositor. ¿O eso lleva tiempo y está bien? Como sea, es Macri quien escogió el momento y el massismo, gustoso, se suma.

Además de la ansiedad, el macrismo ha cometido errores que está pagando, ya que en tan sólo un año perdió 20 puntos de imagen y su gestión recoge más desaprobación que acompañamiento. Uno de ellos fue romper el mercado interno, con recesión, para moderar la inflación. Los sectores concentrados de la economía no lo sponsorearon como imaginaba y, cuando se dio cuenta del encierro en el que se introdujo, ya era tarde y sufría las paradojas de recesión con inflación y déficit con endeudamiento. Ah, la ortodoxia económica en una realidad heterodoxa.

Otro error grosero, que aún cometen, es confiar en que manejando Comunicación, redes sociales, todos los micrófonos (Lospennato dixit) y pueden olvidarse de las relaciones de fuerza. Lo descubrieron ahora, por las malas, y en actitud adolescente demuestran escasa tolerancia a la frustración. Conste en actas que los analistas oficialistas le pidieron a Macri la salida de Marcos Peña y el arribo de alguien con perfil político desde, por lo menos, junio o julio. Mauricio desperdició un año montado en las redes sociales y haciendo política circunstancial, con la billetera, en lugar de intentar ampliar su gobierno de minoría como ahora, tardíamente, le ruegan.

No tiene resultados económicos para mostrar; el manejo del Congreso, único ítem del que se enorgullecían, demostró sostenerse en pies de barro. Queda el antiperonismo, el sinceramiento hipócrita, la venta de optimismo y espiritualidad zen: vamos juntos; sí, se puede. No podían sólo festejar que ya no está Cristina, única promesa implícita de campaña que, huelga decir, no cumplieron: fueron en cambio los depositarios de ese deseo. El macrismo, aún, es antes un instrumento que un gobierno. Tienen poco tiempo para cambiar eso y no parece estar, lamentablemente, entre sus objetivos para 2017.

lunes, 5 de diciembre de 2016

2017 (parte II)

En el posteo que inicia esta saga (!) señalamos que las elecciones de 2017 significan casi todo para el macrismo puesto que, visto el escaso aval recibido, son la llave que abre un horizonte de sustentabilidad política que permita el arribo de “inversiones", imprescindibles para pensar luego en una reelección o continuidad. Para el peronismo, en cambio, no son definitorias, ya que de todos modos debería aguardar a 2019 para ordenarse en torno a una o dos figuras. Por ahora, entropía peronista. Cerrábamos entonces señalando que “el sistema político tenderá a dar soporte a Macri aduciendo razones de supervivencia (y que) Cambiemos no necesita hacer mucho más que pisar el freno de su ajuste para conseguir buenos resultados en 2017". Intentemos, ahora, sobrevolar las estrategias y dificultades que enfrentarán las principales fuerzas que animaron 2015 de cara a las próximas legislativas.

Cambiemos, Mauricio Macri.

El momento económico no es bueno. El combo recesión + inflación; déficit + deuda; bicicleta financiera + caída de la actividad y consumo no implica para el macrismo un incendio aún, como sí hubiera sido para un kirchnerismo gobernante. El gobierno quemó su etapa de Luna de Miel, pero patea aún algunas pocas cenizas al andar. Se avizora un “giro populista", pero poco se apunta que, de darse, será respetando su demografía electoral: contención apenas a los sectores populares e impulso del consumo a los sectores medios, procambistas. El plan es Tarjeta + Obra pública. No alcanzará lo segundo, que demanda tiempos que el macrismo no tendrá y un impulso que no está en el ADN de su plan económico, aunque provenga de la Patria Contratista. Para lo primero, confían en una dinámica de endeudamiento en plástico que viene muy ejercitada por nuestros sectores medios urbanos. Por supuesto, la burbuja que esto crearía —ya que no alcanzaría para eyectarnos del círculo vicioso en el que nos introdujeron Prat Gay y Sturzenegger— sería luego una preocupación, pero es una muestra más de cuánto está dispuesto a avanzar en la tercerización el macrismo, cuando este costo era asumido antes por el estado K, con posibilidades de financiación de las que carece la clase media. ¿Alcanzaría? Difícil cuando se trata no de un Plan A sino un Plan D.

Como señaláramos, el macrismo pretendía descargar en 2016 todo el ajuste posible, para “rebotar" durante el año electoral. El peronismo realmente existente y la CSJ lo enfrentaron en referencia al tarifazo. Los MMSS en referencia al ajuste en “gasto" social. El propio Macri se boicotea, cuando busca crear condiciones para su economía ornitológica (de buitres y golondrinas), porfiando en una flexibilización laboral con enfoque en “productividad", como sinónimo de mayor margen empresarial, o cuando detiene la obra pública con el sólo fin de evitar un mayor rojo fiscal. Pero la dimensión económica no será el único eje electoral, y vale recordar que aún no vimos a los principales presupuestos estatales y a los medios adictos jugados al triunfo y continuidad. ¿Alcanzará la dimensión política para un resultado decoroso? ¿Ser, todavía, lo nuevo? ¿Prenderá aún el relato de la corrupción K? ¿Explotarán a Cristina? El no al e-vote, con seguridad, será un argumento de campaña. Pretendían usarlo por la positiva, lo harán por la negativa.

No tienen, aún, candidato en PBA. ¿Tienen a Facundo Manes en (cuac) mente? Saldrán a poner el cuerpo Vidal y Macri, pero como bien sabe Insaurralde, no es tan simple “trasladar" el voto. De todos modos, la reciente derrota de la “reforma política" en el Senado obliga al macrismo a recalcular: ya no alcanzará con “empatar" para cabalgar un Congreso dividido vía billetera; está obligado a sumar representación legislativa para negociar desde una mayor fortaleza. También para redistribuir geográficamente (aún más) el ajuste.

Renovando la renovación.

Massa fue advertido: si pretende liderar algún peronismo, en 2017 debería demostrar con qué. Ello sólo basta para entender por qué amaga con no presentarse y sumar, en (nuevo) cambio, al Gen y a Libres del Sur. Este acercamiento a Stolbizer y Donda (progresistas en lo social, conservadoras en lo económico) tiende a dos objetivos: blindarse de antikirchnerismo (condición sine qua non de cualquier sistema de alianzas que pueda contenerlo y, además, preparación por si la emergencia de Macri es vía honestismo, en un símil 1999) y para tomar oxígeno cuando sólo se tiene a sí como figura convocante. Una alianza como única posibilidad de supervivencia, más en el candelero político que en lo estrictamente electoral.

Terciará en PBA y buscará sumarse al resultado del “cordobesismo". Poco para 2019, a menos que entonces reciba la “bendición" peronista y el PJ se trasvista como la UCR en Gualeguaychú para Macri. En su contra, el voto radical estaba ya con Mauricio; el voto peronista, si bien disperso, dista de aquel grado de orfandad.

¿Todos unidos triunfaremos?

Las opciones del peronismo —hablamos de PBA— son presentarse más dividido aún u ordenarse como una oferta electoral heterogénea. Esto último por acuerdo o posterior a internas. Como una turba de indios que desconoce o perdió a su cacique, son muchos los actores para pocos espacios. ¿Divididos para mantener la representación legislativa? ¿Juntos a la par porque interesa más derrotar a Macri? Lo primero no asegura números más amplios en el Congreso, y menos aún “manejarlo", como aprendió durante este año el cristinismo. Entonces, ¿internas o lista de unidad? Los intendentes deben recordar lo bien que resultó la disputa Aníbal - Domínguez.

Uno de los grandes interrogantes es hoy Cristina: ¿va o no va? Tiene votos, tiene piso y tiene techo. Tiene, además, un sabor dulce para el macrismo. Desglosemos: 1) el macrismo está tensando la situación elástica que dejó el kirchnerismo en la macro pero también en la microeconomía; el deterioro es evidente. Aún así, las demografías electorales pueden no obedecer únicamente a este factor, y si bien esto aleja a muchos del 51% nacional del balotaje (o aún de los resultados de octubre en PBA: 39,5% a 35,2% para Vidal vs. Aníbal F. y 32,9% a 37,1% para Macri vs. Scioli), la situación (a hoy) no es tal que los obligue a refugiarse invariablemente en el kirchnerismo. 2) Descontando el concurso de la prensa oficialista, plebiscitar al macrismo no será el único eje electoral. 3) Buceando en las profundidades de las macrinomics y las macripolitiks, el peronismo realmente existente, antes preocupado por su supervivencia, buscará refugio en sus distritos. En este cálculo, las de 2017 deberían ser elecciones nacionales para Macri y una sumatoria de comicios locales para el peronismo. Ahora sí, finalizado el desglose, podemos decir que Cristina candidata nacionalizaría las legislativas, rememorando el clima de noviembre de 2015. El macrismo, por supuesto, recibirá como maná poder apelar a su reflejo primitivo, aquello que le dio constitución, su eje de campaña desde siempre: el antikirchnerismo; y entonces cada contendiente distrital, sea formoseño o riojano, podrá sustraerse del debate local o de sus insustancialidades constitutivas para discutir con Cristina y el gobierno que terminó en diciembre pasado.

De hocico al piso, el voto electrónico y la posibilidad latente de fraude serán una preocupación menos, pero habrán más, habida cuenta de que las herramientas están en manos de Cambiemos, el Poder Judicial, los medios, AEA. Mientras, para 2017 el macrismo promete política electoral cuando sólo entrega su política económica. Massa persevera en su intento por evitar ser deglutido por la polarización, algo cada vez más difícil, mientras observa cómo Vidal le roba peones. El peronismo se debate en el desorden mientras decide entre ser tributario pasivo de la tendencia macrista por abrazar el desastre o propone, en cambio, una emergencia política, sea esta en continuidad (puaj) o alternancia al proyecto gobernante.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Voto electrónico y 2017

En reunión con algunos gobernadores PJ, el bloque de senadores del espacio concluyó que no pueden acompañar el cambio en la manera de votar. Macri debe decirle adiós a su capricho electoral, pero también a su intransigencia en la negociación política.

En agosto habíamos apuntado que “el voto electrónico sale con fritas. Y si no sale, sería una derrota más grave para Macri que la aprobación de la ley antidespidos luego vetada". Equivocamos el pronóstico, pero no así —creo— el análisis de la que por entonces no parecía una probable derrota macrista. ¿Qué pasó? Creyeron que muñequeando fondos a las provincias, agitando el fantasma del fraude que no fue y extorsionando con Cristina y el kirchnerismo, les alcanzaría. También yo lo creí así. Pero los tiempos políticos evolucionan mientras el momento económico, feo por dónde se lo mire, persiste.

La conducción política del intento de “reforma" fue espantoso; ni siquiera los medios adictos al macrismo tenían argumentos y debían publicar la opinión de informáticos y politólogos, revelando todos las vulnerabilidades (conocidas) del sistema. Frente a eso, el ¿argumento? de modernidad pareció poco. Nunca terminó de quedar claro para qué quería Macri el voto electrónico: ¿para librarse de la necesidad de fiscalizar y bajar los costos de mantener a la UCR adentro? Puede ser. Los mal pensados apuntaban en cambio hacia algún curro en la compra de un sistema caro. Los más mal pensados (que en política son más aún) decían que para hacer fraude. Lo cierto es que esta derrota obliga al macrismo a recalcular 2017.

Andrés Malamud apuntaba en Twitter los posibles gobiernos en stock: de mayoría, de coalición y de minoría. En el Senado, Cambiemos corresponde a este último. La negociación política, entonces, es casi mandatoria a menos que se apalanque fuertemente en la opinión pública. No fue el caso y Macri no quiso negociar sacar el chip o la Boleta Única en papel, ofrecimientos del PJ realmente existente. Como corolario, los gobernadores y senadores peronistas dijeron, por primera vez, “no, macho" a un proyecto de importancia vital para el macrismo. Entonces, si Cambiemos estaba feliz con sus triunfos legislativos 2016, debe mirar con preocupación el porvenir: si creía que por el desempeño del Congreso este año le alcanzaba con “empatar" (o no perder por mucho) las próximas legislativas, descansando en el alineamiento vía látigo o chequera de diputados y senadores, está obligado ahora a buscar un triunfo legislativo que le otorgue mejores números a la hora de negociar primero y votar proyectos después. Para eso, la estrategia de dividir al peronismo en PBA no sólo no alcanzaría sino que podría ser hasta contraproducente. Sabemos: los resultados pueden leerse de una manera el lunes siguiente a una elección, pero los números legislativos podrían obligar a mayores “compromisos" republicanos luego.